Diálogo generativo sobre el Instituto

El proceso pensado para el Capítulo está llegando al final de su primera etapa, que es "sentir la realidad". Primero la realidad amplia de la sociedad, y luego la del Instituto como un cuerpo global. El día de hoy se reflexionó sobre algunos temas que aún faltaban en el "sentir" la realidad del Instituto.
 
Comienzo de los trabajos
 
La oración de la mañana fue animada por el hermano Rajakumar Soosai, que propuso un momento de meditación con la ayuda del yoga.
Se recordaron los aniversarios de Alicia Alexandra Morales y John Hazelman.
Se anunció que los Hermanos capitulares de la Provincia de México Central, José Sánchez Bravo y Luis Felipe González, se ausentarán hasta el próximo lunes, debido a situaciónes ocasionadas por el terremoto en México.
 
Profundizando la conciencia del cuerpo
 
Todo el resto del día fue conducido por el facilitador, Matthieu Daum. Comenzó la sesión recordando el proceso hecho hasta ahora y haciendo notar la necesidad de abrir aún más el corazón para percibir el cuerpo global, el Instituto y entrar en un proceso más profundo para ver lo que Dios quiere de ese cuerpo.
 
Antes de entrar a la última fase de la primera etapa de percibir la realidad, se nota que algo está faltando en la percepción del cuerpo. Hay cosas sobre las que no se ha hablado. No tendremos un sentido completo del Instituto, hasta que no se habla de ellas. La invitación fue pasar el día tratando esos temas que aún no han aparecido y están latentes.
 
Metodología del diálogo
 
Antes de iniciar  con esos temas, Matthieu invitó a los participantes a reflexionar sobre los modos de dialogar. Destacó 4 tipos de conversaciones posibles:
  1. Hablar bonito: el objetivo es garantizar el bienestar del grupo. Por eso se evitan temas que provocan conflicto. Hay una convicción de grupo, pero no se da ningún paso adelante
  2. Hablar duro: se habla la verdad sin preocupación por la integridad del grupo. Lo que importa es ser escuchado. Quien escucha, lo hace sólo para ver confirmada su opinión y rechazada aquella del otro.
  3. Diálogo generativo: cada uno expresa la propia experiencia de la realidad sin la intención de convencer al otro y ni debatir.
  4. Diálogo reflexivo: las cosas dichas son muy personales y específicas de la realidad.
La mayoría de las veces el diálogo se caracteriza por el "hablar bonito". Es necesario, en cambio, saltar al "diálogo generativo",  único modo de descubrir cómo es el cuerpo; de lo contrario, se corre el riesgo de fallar en la misión.

Actualmente el Capítulo no se encuentra en la fase de resolver cuestiones, sino de ver cuáles son. Es muy peligroso, en este proceso, entrar en debate, en el 'hablar duro'. Para que eso no suceda, hay que hablar sobre experiencias. El que escucha, a su vez, debe decir lo que entendió y lo que necesita ser esclarecido de la experiencia narrada. Quien escucha necesita también subrayar lo que es importante para él, pero que no fue dicho en la narración.
 
Es posible hacer un esfuerzo para no quedarse en los dos primeros tipos de diálogos y pasar al tercero. El diálogo reflexivo no puede alcanzarse con la simple voluntad, sino que es un proceso que se da espontáneamente.
 
Los temas que necesitan ser tratados
 
Después de haber alertado al grupo sobre el modo correcto de dialogar, Matthieu ha esbozado los temas que piensa que todavía no se han tratado, que necesitan ser conocidos mejor, sentir que el Instituto, como un cuerpo global, se ocupa de ellos.
 
1. Gobierno: organización, autoridad, etc. - quién decide qué y para quién ...
2. Finanzas: compartir algunas tensiones sentidas.
3. Relaciones entre laicos y hermanos
4. Hermanos: vocación, identidad, roles, vida comunitaria, acompañamiento, nuevo modo de ser hermano.
5. Vivir la espiritualidad, mística
6. Disponibilidad global
7. Misión: educación, nuevas periferias, derechos de los niños
8. Ecología y sus implicaciones en el cambio de estilo de vida
 
Se formaron grupos para cada uno de los temas. Se dialogó sobre ellos y se trajo a la plenaria la síntesis de la conversación.
 
Sesión de la tarde
 
El momento mariano abrió los trabajos de la tarde. A continuación, el Facilitador invitó a los participantes a dejar hundir, como en el agua, las cosas que fueron dichas por la mañana. Tratar con ellas ahora, significaría juzgarlas con las categorías del pasado. Es el futuro, en cambio, el que puede decirnos cómo comportarnos con ellas.
 
Parece que hay ahora una buena visión de lo que es el cuerpo, el Instituto. Se dio luego tiempo personal para una verdadera contemplación en la que cada uno vea dónde se encuentra en el cuerpo descubierto en estos últimos días. A cada uno se le pidió dejar su propia percepción del Instituto y abrazar aquella revelada en el Capítulo. Este cuerpo, después de todo, es el camino a través del cual el carisma marista puede ser vivido en el mundo.
Las preguntas que motivaron la contemplación fueron:
  1. ¿Qué siento en relación a la situación de nuestro cuerpo? (alegría, miedo, excitación, desesperación, entusiasmo, frustración ...)
  2. ¿Qué movimiento interior estoy experimentando? (consolación, desolación)
Finalmente, en las mesas, cada uno escribió en un papel grande la palabra que resumía su reflexión. Estas palabras fueron leídas y resonaron en la asamblea.
 
Perdonar y ser perdonado
 
La última actividad fue la celebración del perdón. Reunidos ante la capilla, los participantes escucharon la petición de perdón del mensaje del Bicentenario, leído por el H. Emili. Entrados en la iglesia, cada uno lavó sus manos, en un gesto que significa petición de perdón por la infidelidad al soplo del Espíritu y el compromiso para una vida coherente con el ideal evangélico.
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