
Hace 209 años, en la pequeña casa Bonner de La Valla, un joven de 27 años llamado Marcelino Champagnat recibió a sus primeros discípulos. Hizo suyos los sueños de Dios y esos sueños se volvieron vida, misión y comunidad.
Desde entonces y hasta hoy, la “casita Bonner” ha sido considerada entre los Hermanos Maristas la “cuna” del Instituto, y el día 2 de enero de 1817, la fecha fundacional de los Hermanitos de María.
Los primeros de ellos –Juan María Granjón, Juan Bautista Audrás, Juan Claudio Audrás, Antonio Couturier, Bartolomé Badard, Gabriel Rivat y Juan Bautista Furet– abrazaron la espiritualidad de Marcelino caracterizada por la experiencia de la presencia de Dios, la confianza en la protección de la Virgen María y la práctica de las “pequeñas” virtudes de humildad, sencillez y modestia.
Eran hombres sencillos, sin formación previa, que vivían muy unidos, como una verdadera familia. Su jornada transcurría aprendiendo a leer, escribir y enseñar, y trabajando con sus propias manos para sostenerse económicamente. Vivían en medio de la gente y compartían su suerte. En esos quehaceres cotidianos fueron descubriendo, cada vez con mayor profundidad, la presencia amorosa de Dios en sus vidas y aprendieron a confiar en la Providencia.
Juntos cultivaron la sed de Jesús y el deseo de seguirlo al estilo de María. Desarrollaron un profundo amor a la Virgen como medio seguro para centrar sus corazones en Cristo, y se animaron unos a otros para ayudar a los más vulnerables, especialmente a los niños y jóvenes pobres, a quienes recibían en su casa y acompañaban con cercanía y ternura.
Como María, que salió rápidamente a cuidar a Isabel y atender sus necesidades, ellos salían cada semana a los caseríos de los alrededores para dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. Así fue creciendo, desde la sencillez y el compromiso cotidiano, una obra que con el tiempo recibiría el reconocimiento oficial de la Iglesia y se consolidaría como una congregación religiosa dedicada a la educación y evangelización.
De aquel primer movimiento humilde y confiado nació la Familia Marista Global, que hoy tiene presencia y misión en 79 países. Actualmente, 2.427 Hermanos, junto a más de 79.000 laicas y laicos, educan y acompañan a 654.000 niños y jóvenes en los cinco continentes, dando continuidad al sueño fundacional de Marcelino.
Y la Madre del Señor, que estuvo al lado de Marcelino en los primeros días de la vida marista, está y seguirá estando a nuestro lado como guía y compañera, inspirándonos siempre a amar y servir, a llevar a su Hijo allí donde vayamos y a construir, juntos, el nuevo Hermitage que hoy nos convoca.
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