La invitación del XXIII Capítulo General a ser “Constructores de una Espiritualidad viva” nos impulsa a recuperar la fuente que anima nuestra vocación y misión. No se trata de una espiritualidad desconectada de la vida, sino de una experiencia profunda de Dios que transforma el corazón, fortalece los vínculos y nos dispone a salir al encuentro de las realidades de nuestro tiempo, siguiendo el camino de Marcelino Champagnat: con humildad, sencillez y presencia cercana entre niños y jóvenes.

Cuando hablamos de Espiritualidad, hablamos de ese Dios que habita en cada una, en cada uno de nosotros y en nuestra vida diaria. Hablamos de reconocer su presencia y de conectar con Él para que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones estén en sintonía con su propósito de Amor y de Vida.

Marcelino Champagnat vivió esta experiencia de manera profunda. La custodió y la compartió dejándose conducir, no sin dificultades, por un camino de transformación que tocó toda su vida: sus vínculos, sus decisiones y su manera de mirar la realidad. En él, como en nosotros, la experiencia de Dios nos re-sitúa, sana nuestras emociones y nos mueve hacia la transparencia, la escucha, el diálogo, la empatía y la comprensión desde una nueva conciencia de fragilidad y fraternidad.

Su cercanía a la realidad que vivían muchos niños y jóvenes de su pueblo, excluidos por su pobreza de la educación de su tiempo y del conocimiento de Dios, junto con su sensibilidad para descubrir sus necesidades, hicieron posible que Marcelino escuchara el llamado a la vocación y se dispusiera a la misión.

La Espiritualidad en la que arraigó su respuesta de vida quedó expresada, más que en documentos o archivos bibliográficos, en los gestos sencillos y en los acontecimientos cotidianos. Se sostuvo siempre en la confianza en María, en la oración, en la Palabra y en la Eucaristía. A lo largo de toda su vida, Marcelino configuró una Espiritualidad hecha de humildad, sencillez, compasión, coraje y presencia cercana. Una Espiritualidad fundada en la experiencia de sentirse amado por Jesús y llamado por María.

No fue una Espiritualidad cómoda ni alejada de la realidad. Al igual que María de Nazaret, al recibir el don de Jesús salió a compartirlo y animó a sus Hermanos a desinstalarse para ser presencia educadora y evangelizadora entre tantos niños y jóvenes atravesados por la pobreza, la enfermedad, la guerra, el abandono, la soledad y las injusticias.

Desde entonces, para ofrecerles no solo saberes, sino también una Esperanza cierta y herramientas que les permitan construir un proyecto de vida valioso, necesitamos conectar cotidianamente —desde los gestos más simples, como lo hizo Marcelino— con la Fuente que renueva el dinamismo espiritual de nuestras obras (cf. Agua de Roca, 18).

Si, como educadores Maristas, nuestra misión es la educación evangelizadora, debemos atender especialmente la Espiritualidad que la sostiene y le da sentido.

La confluencia del Llamado del XXIII Capítulo General a construir una Espiritualidad viva y las Notas de la Espiritualidad Marista surgidas del discernimiento Provincial de Cruz del Sur para iluminar la Planificación Estratégica del presente Trienio constituye un signo que nos convoca y compromete: es aquí y ahora donde estamos invitados a vivir, como buscadores de Dios, una Espiritualidad encarnada e inspiradora, que cuide la interioridad y promueva también en otros la búsqueda de sentido y de encuentro con Dios.

Una Espiritualidad que nos haga más discípulos del Hijo y más fraternos. Para que, tal como lo soñó Champagnat, cuantos nos vean puedan decir también de nosotros: “Miren cómo se aman” (Hechos 4,32-37) y quieran saber de dónde viene esa comunión que nos impulsa y nos sostiene incluso en las circunstancias más difíciles.

En este camino de búsqueda y renovación, el XXIII Capítulo General nos sigue invitando a dejarnos interpelar por las llamadas que el Espíritu suscita en nuestra vida y en nuestras comunidades. Animamos a todos los equipos y comunidades Maristas a continuar profundizando el Segundo Envío del Itinerario de las Llamadas, compartiendo sus reflexiones, resonancias y aportes como parte de este proceso colectivo de discernimiento y construcción del Nuevo Hermitage.

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