
Después de veintidós días de travesía sostenida por su profunda devoción mariana, su amor a la Eucaristía y su fraternidad, los primeros Hermanos comenzaron a hacer realidad el deseo de ser misioneros al estilo de Marcelino Champagnat sembrando para siempre su sueño en estas tierras americanas.
En el buque Reina María Cristina, que había zarpado de Barcelona durante un tiempo histórico de duros conflictos políticos y persecuciones, los primeros en llegar un 25 de septiembre de 1903 fueron Frédien, Junion, Paulius, Sixto, Veremundo, Adolphus y Leopoldo José; un mes después arribaron a puerto Agritius, Bajulus, Simeón, Arège, Loger, Donaciano y Olegario.
Vinieron todos convocados por los Padres Lazaristas (Vicentinos), que administraban la Basílica de Luján, para encargarse de la educación de los niños y jóvenes de la zona.
El ambiente que los esperaba no era del todo tranquilo. La prensa anunciaba que a bordo de aquel buque arribaba al país un grupo de religiosos expulsados de Francia. Una lluvia torrencial impidió que la recepción hostil a los misioneros pudiera concretarse pero, aún así, por prudencia, sólo dos hermanos descendieron del buque con sotana; el resto bajó de civil.
Los recibió en el puerto el H. José (coadjutor de los Lazaristas) quien los condujo hasta la residencia de los sacerdotes.
Apenas llegados, se hicieron cargo de la Escuela gratuita de San Vicente de Paul, que los Hermanos llevaron adelante durante 12 años. Las aulas albergaban a más de 60 niños cada una procedentes de contextos sociales de alta vulnerabilidad. También allí funcionó un internado en el que trabajaban tres Hermanos.
El 1 de marzo de 1904 abrió sus puertas el primer Colegio Marista, “Nuestra Señora de Luján”, con una matrícula inicial de 32 varones. Comenzó a funcionar en condiciones muy precarias dentro del edificio del Descanso de Peregrinos (asociado a la infraestructura e intereses de los vicentinos) y, aunque nació con el espíritu de asistir y educar a los jóvenes de la zona, adoptó desde el principio un formato que incluyó alumnos externos, medios pupilos y pupilos (internados).
Esta misión marcó el inicio del carisma y la presencia del Instituto Marista fundado por San Marcelino Champagnat en el país.
Hoy celebramos, y agradecemos, la fe y el coraje de aquellos primeros Hermanos que sembraron la vida Marista entre nosotros.
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