
Los días 20, 21 y 22 de octubre, el CEC Marista Hno. Miguel Ángel Isla, de La Plata (Buenos Aires), abrió sus puertas a la última estación de las Pasantías 2026. Así se completó un itinerario de aprendizaje en la práctica compartida que comenzó en el CAIF Pequeña Semilla (Km 16, Montevideo) y continuó en el CEC Marcelino Champagnat del Barrio San Lorenzo (Libertador General San Martín, Jujuy).
La Pasantía fue organizada por la Dirección de Centros Educativos Comunitarios, integrada por Fernando Larrambebere, Gisela Favaro y Matías Conte, bajo el lema “Verán cosas más grandes todavía” (Juan 1,50). En esta última estación convocó a las coordinadoras de los CECs: Sandra Monzón (Tigre), Victoria Almirón (Hogar Marista), Belén Cerruti (Pergamino), y Francisco Fariña (miembro del Equipo de Derechos y Políticas Públicas). Los recibió el equipo del CEC Hno.Miguel Ángel Isla de La Plata: Luisangela Rodríguez, Luján García, Aldana Silva, Victoria Álvarez, Veronica Albarracin y Daniela Agüero.
Las y los pasantes compartieron saberes para volver a mirar su propio territorio y regresar a sus centros con un primer paso concreto para articular con las políticas públicas de sus lugares. La propuesta promovió la conversación entre pares, favoreciendo la diversidad de miradas, trayectorias y territorios, y confiando en la riqueza que esto puede generar.
En La Plata, el foco estuvo puesto en la gestión de recursos y la articulación con las políticas públicas, en el área Familias. Las políticas públicas se vuelven reales —o no llegan— en la vida cotidiana de una familia del barrio. Por eso, el recorrido incluyó merendar en casas de familias y escuchar a las y los jóvenes: para no hablar de las políticas sin quienes las viven.
Los Centros Educativos Comunitarios hacen un trabajo territorial vital, pero la vulnerabilidad social es multidimensional y ninguna institución, por noble que sea, puede resolverla sola. La política pública no es solo lo que el Estado hace: también es lo que omite. Es un campo vivo, complejo y en disputa, donde el CEC tiene un lugar propio. Desde esta perspectiva, la Pasantía invitó a mirar al CEC como nodo comunitario —traductor de necesidades locales, articulador de políticas públicas y constructor de tejido social— y a ampliar la idea de recurso: un recurso no es solamente dinero; también puede ser tiempo, conocimiento, espacio, vínculo, oportunidad o capacidad de organizarse.
Como en las estaciones anteriores, las y los pasantes llegaron dispuestos a aprender. En este caso pudieron asomarse al saber-hacer de articular con el Estado: cómo se entera un equipo de un programa, cómo sostiene un vínculo cuando cambia una gestión, cómo rinde cuentas sin perder su identidad. Es un saber local que rara vez se escribe, y que la Pasantía busca hacer visible, reconocer como conocimiento legítimo y dejar circular por la red.
Siguiendo la rueda de las estaciones que acompañó todo el camino, La Plata se vivió en primavera: el tiempo de lo que brota. El signo de estos días fue la red, a partir del Evangelio de Juan 21.
Venir, ver y quedarse
Los tres días hicieron eco de la pedagogía de Jesús en el Evangelio de Juan —venir, ver y quedarse— y se organizaron en torno a tres verbos: mirar, comprender y comprometerse.
Día 1 · MIRAR
“Antes de interpretar una realidad, necesitamos aprender a mirarla”
La jornada comenzó disponiéndose como aprendices. Cada pasante recordó quién le enseñó a usar un objeto cotidiano —un mate, una herramienta, una aguja de tejer—. A partir de esas historias se abrió la pregunta por lo que significa ser aprendices del Reino, mirando a Jesús: “Jesús no explicó el Reino, lo vivió”.
Por la tarde, el equipo del CEC los recibió con una presentación lúdica y compartió la historia de su red. Las y los pasantes merendaron con los chicos y las chicas e intercambiaron postales de sus territorios. Luego trabajaron con herramientas para leer el propio territorio: el árbol de problemas y de objetivos, el mapeo de actores y la escalera de la coordinación. También conversaron sobre lo que no se negocia al articular en red: “el centro, y lo que lo ordena, son los pibes”.
Al caer la tarde caminaron el barrio con el equipo, que fue contando historias en cada lugar. Estuvieron atentos a las huellas del Estado, con sus presencias y ausencias, y a las huellas de la comunidad organizada. La recorrida dejó una resonancia fuerte: “diferentes lugares, mismos dolores”.
A la noche, el Evangelio regaló una clave: frente a tantos “no”, volver a tirar la red. Renovar la mirada, confiar y descubrir que hay otros actores con quienes tejer, para que haya más abundancia para las y los pibes.
Día 2 · COMPRENDER
“Detrás de cada decisión hay una historia, una necesidad y una elección”
El segundo día fue para salir al encuentro de quienes gestionan políticas públicas en el territorio.
En el Hospital San Roque de Gonnet, el equipo del Servicio de Área Programática y Redes en Salud (SAPS) compartió su mirada de la salud como derecho y su trabajo desde la promoción y la prevención: “no toda demanda de salud necesita un hospital”. Contó que el vínculo con el CEC lleva años —“ya no es una etapa donde tenemos que presentarnos cada vez que nos vemos”— y que el servicio no nació de una voluntad aislada, sino de una decisión de política pública.
Luego compartieron el encuentro y el almuerzo en Aldea Primavera, espacio del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia (OPNyA) destinado al juego, el aprendizaje y la promoción de derechos. Se valoró el acompañar la vida y el derecho al juego, inspirados en la historia de una niña llamada Primavera, que había sido acompañada en Pergamino. De regreso en el CEC, se encontraron con las jovenes que presentaron el lanzamiento de un corto sobre grooming.
La jornada se coronó con la merienda en casas de familias del barrio. Allí escucharon relatos de la inundación y de la pandemia, en los que el CEC fue el lugar que dio respuesta y acompañó, y comprendieron por qué es un lugar de referencia para el barrio. En todos los encuentros fueron recibidos con alegría, “y el eje eran los pibes”.
A la noche, el Evangelio regaló la imagen de Jesús esperando con el fuego encendido y el pan sobre la mesa: “Vengan a comer”. Y una frase quedó resonando: “No hay cosecha colectiva sin siembra colectiva”.
Día 3 · COMPROMETERSE
“Conocer una realidad también nos pregunta qué vamos a hacer con aquello que aprendimos”
La mañana estuvo dedicada a la co-visión entre coordinaciones: un espacio para poner al centro lo que tensiona la propia gestión y escucharse entre pares, sin aconsejar ni juzgar. “Encontrarse con otras personas en el mismo rol es necesario”, se dijo, en una red segura y sostenida por la confianza.
En el almuerzo, el equipo del CEC compartió lo que le dejó recibir a las y los pasantes: “Ver la red es dimensionar lo que está pasando”.
Por la tarde, las y los jóvenes presentaron el libro que realizaron en el programa Jóvenes y Memoria, de la Comisión Provincial por la Memoria. A través de entrevistas a vecinas, vecinos y personas que transitaron el espacio, reconstruyeron la historia del CEC en el barrio El Sueño, Hernández. “Para que los que vengan conozcan el centro y lo sientan su lugar.”
El cierre celebrativo reunió a todas y todos en torno a las redes que sostienen la memoria: las personas que ayudaron, y siguen ayudando, a ser una red que sueña y cuida la vida. Formaron una red humana, con las y los pibes al centro, con su proyecto, y las personas adultas alrededor. Volvieron al Evangelio —la red no se rompe— como invitación a vivirlo con presencia y fraternidad, como soñó Marcelino Champagnat, y se despidieron bendiciéndose unas y unos a otros.
Llegamos como aprendices, con nuestras preguntas a cuestas.
Nos vamos con el corazón lleno y la certeza de que ninguna comunidad puede sola.
Y sabiendo, como en el Evangelio, que aun siendo tantos, la red no se rompe.
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