
Entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre los Hermanos continuaron vivenciando el Itinerario Formativo entre tiempos de Retiro y capacitación en Derechos de Infancias y Juventudes, conocieron más profundamente algunas de las obras que expresan el compromiso marista con los más vulnerables y comenzaron a prepararse para la inmersión en territorios concretos de misión.
El Retiro de dos días, animado por Ricardo Palomar y Belén Pissarello (integrantes del Equipo de Vocación) e inspirado en María y en el cuidado de Marcelino hacia los primeros Hermanos, los volvió a lo esencial:
Una vocación que se hace escucha, acogida y sensibilidad ante el otro aprendiendo a mirar el mundo con un corazón que no pasa de largo.
La formación sobre la protección y promoción de derechos de las infancias y juventudes, que estuvo a cargo de Mónica Yerena Suárez, socióloga mexicana especialista en educación en derechos y solidaridad y en atención y prevención de violencias de la Provincia Marista de México Central, les recordó la misión de ser guardianes y refugio de quienes más lo necesitan.
Y la visita del H. Vanderlei Siqueira, Provincial de la Provincia Marista Brasil Centro Sul, fortaleció el sentido de pertenencia a un cuerpo mayor.
Por otra parte, el trazado de los nuevos destinos de misión —Córdoba, Lugano (Buenos Aires) y Mar del Plata— comenzó a transformar el horizonte vocacional en rostros y caminos concretos.
Al cierre de la semana, la presentación de los Centros Educativos Comunitarios (CECs) de la Provincia Marista Cruz del Sur, por parte de Fernando Larrambebere, Coordinador, y Gisela Favaro y Matías Conte, miembros del Equipo, les recordó fuertemente la opción por los más desatendidos.
Y la gran Peregrinación Juvenil al Santuario de Ntra. Sra. de Luján, con la que concluyó significativamente esta etapa, los tuvo como peregrinos y voluntarios para recibir a los que llegaban a la Casa de la Virgen Lujanera.
Así transcurren los días en la Villa Marista, entre la mesa compartida, la fraternidad y la búsqueda de una entrega cada vez más definitiva.
La consagración va dejando de ser una idea para convertirse en un modo de estar en el mundo: sin privilegios, con entereza para el servicio y con la certeza mansa de que el camino continúa abriéndose bajo los pies de quien aprendió a escuchar.
Fijaos qué hermosa está la luna esta noche: se diría que se ha apresurado para contemplar este espectáculo… Mi persona no cuenta para nada; es una hermana que os habla…” (Juan XXIII, en la inauguración del Concilio Vaticano II).
Con nuestra vida reproducimos las actitudes de María. Somos el rostro mariano para la Iglesia y para el mundo, especialmente para los niños y jóvenes. Nuestro nombre, Petits Frères de Marie (“Pequeños Hermanos de María”) configura nuestro ser y actuar (Guía de Formación, 221).
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