Las comunidades educativas de Cruz del Sur, inmersas en el proceso de reimaginar la escuela y repensar sus fundamentos y sus métodos, adoptan los territorios de juego y exploración como dispositivos claves de la innovación que hoy está transformando las aulas. Animados por el Equipo de Educación e Innovación, han asumido esta transformación con el propósito de lograr que los niños, niñas y jóvenes alcancen aprendizajes profundos, lo que implica no sólo la comprensión de conceptos e ideas sino también el desarrollo de habilidades, competencias y capacidades.

La propuesta de trabajo por territorios de juego y exploración ―basada en el aporte de A. Dubovik y A. Cippitelli, especialistas en pedagogía y atención a la infancia, y del personal directivo del Jardín de Infantes Fabulinus, de la ciudad de General Pacheco, provincia de Buenos Aires, contribuye eficazmente a ese propósito.

Los Territorios son una iniciativa de juego libre y exploración en la que los espacios y el ambiente se modifican fomentando en los niños el aprendizaje, la interacción, la creatividad y la imaginación.

Cada territorio funciona como un campo de búsqueda y juego con elementos activadores que dialogan con el entorno. En cada territorio, mediante la disposición de ciertos materiales diseñados para la intervención de los niños, se desarrolla una consigna. Estos objetos y materiales, presentados con una estética cuidadosamente pensada, invitan a la exploración de diversos procesos constructivos, lenguajes y materialidades.

Mientras recorren los territorios, los niños y las niñas eligen libremente dónde, cuánto y con quién jugar. Tienen la posibilidad de explorar todo el espacio o solo una parte de él creando su propio recorrido. De este modo, cada niño y cada niña se convierten en autores y protagonistas de una experiencia singular regulando sus tiempos y formulando hipótesis en su proceso de investigación. La particularidad de esta experiencia radica en que pueden apropiarse libremente del espacio, explorándolo junto a pares de diferentes edades.

En este contexto, el docente no necesita invitar ni explicar lo que se puede hacer en cada territorio. Las consignas están implícitas en el entorno, donde subyacen las ideas previamente pensadas por el docente. Cada uno de ellos/as está disponible y atento ―no solo observa y registra los diversos modos de exploración y construcción de hipótesis que los niños elaboran en su accionar, sino que también desarrolla su propia documentación pedagógica relatando cómo sus estudiantes aprenden, investigan y construyen conocimiento apuntando a un aprendizaje profundo que mueva a los estudiantes a actuar con ese conocimiento de manera flexible.

En el espacio exterior, los colegios Maristas comienzan a disponer territorios de juegos con agua, con arena, con barro, con planos inclinados, piedras, espejos y dinosaurios. Y proyectan en el espacio interior juegos de luz, de luz negra, de construcciones y sonidos que, actuando dinámicamente, contribuyen a mejorar el clima escolar, a hacer más gozoso y efectivo el proceso de enseñanza-aprendizaje incidiendo también en la trama de los vínculos y optimizando las condiciones de trabajo.

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