Desde pequeño, Marcelino aprendió a “mirar” a María y nunca dejó de contemplarla para recibir la inspiración de un modo de ser presencia de la Iglesia en el mundo. Te invitamos a recorrer esta reflexión sobre María y a descubrir, siguiendo al Hno. Emili Turú en su circular "Nos dio el nombre de María", cómo su modo de cuidar puede inspirar también nuestra manera de vivir la misión marista.

Los rasgos marianos son el sello de nuestro carisma, el regalo de nuestra identidad, para ofrecer y compartir con la humanidad. Su modo de cuidar es precisamente lo que queremos contemplar.

La teóloga española Dolores Aleixandre señala que Jesús aprendió de María el lenguaje del cuidado, que esa fue su “lengua materna”.  Es decir que lo que Jesús aprendió de María no fue solamente un idioma, sino una manera de mirar y de relacionarse con la vida, una forma de cuidar y generar vida.

Si el cuidado es un lenguaje, María nos enseña su gramática: lo que es “sustantivo” y lo que es una acción concreta a realizar: Mirar con atención, decidir acercarnos y permanecer; escuchar sin juzgar, habilitar y acompañar los silencios; respetar los tiempos y los ritmos; reconocer aquello que alguien necesita incluso antes de que pueda expresarlo; disimular la fragilidad del otro, confiar en los dones de cada persona y alentar el despliegue de lo mejor de sí.

María aparece pocas veces en los Evangelios, pero sus gestos hablan de su lenguaje de cuidado: mira con atención, guarda y medita lo que acontece. Abraza la vulnerabilidad, sale al encuentro y reconoce al otro desde su dignidad.

María permanece, acompaña, sostiene a todos y confía. Jamás ocupa el centro, pero es una presencia que genera vida, que hace posible que la vida crezca, que transforma. Es por eso que su modo de cuidar evangeliza, ya que ofrece pistas significativas para construir el Reino desde los gestos y las acciones cotidianas.

Jesús nos regala a María para que, contemplándola, vayamos incorporando de a poco su lenguaje, su acento… Esa hermosa tonada que nos convierte en aprendices del Reino. Un Reino que se construye a través del cuidado y del anuncio respetuoso y dialógico del Evangelio. Con Ella, aprendemos a mirar, a estar, a escuchar y acompañar desde la ternura.

María puede ser nuestra maestra y nutrir nuestros modos de cuidar y servir al proyecto de Reino de Jesús.

Que el cuidado sea entonces nuestra lengua materna, nuestra manera –como maristas– de evangelizar. En nuestras comunidades, obras y equipos, estamos llamados a cultivar estos modos marianos de relacionarnos habilitando espacios donde las personas puedan sentirse miradas, acogidas y valoradas.

Porque el cuidado es una decisión para habitar los espacios y un criterio de discernimiento en las mesas compartidas como forma de construir comunidad. Por eso, el cuidado es nuestro paradigma.

Miremos a María para que el cuidado sea estilo, forma y fondo de nuestra misión marista en Cruz del Sur. Que trascienda la actitud afectiva para transformarse en una práctica espiritual, comunitaria y organizacional.

María cuida pero también enseña a cuidar. Que la lengua materna de María se vuelva también la nuestra, haciendo de cada comunidad un espacio donde la vida pueda crecer y donde nuestras vidas hablen el lenguaje del Evangelio.

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