
Como Provincia Marista Cruz del Sur, nos sumamos al llamado de la Conferencia Episcopal Argentina frente a las propuestas que impulsan la baja de la edad de imputabilidad penal. Lo hacemos desde una convicción profunda: la niñez y la juventud no son un problema a castigar, sino una vida que cuidar, educar y acompañar.
Nuestra misión educativa, heredada de Marcelino Champagnat, nos sitúa de manera clara del lado de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, especialmente de aquellos cuyas trayectorias están atravesadas por la vulneración de derechos, la pobreza y la exclusión. Tras las huellas de Marcelino Champagnat nos recuerda que somos “presentes entre los niños y jóvenes, especialmente los más desatendidos, como sembradores de la Buena Noticia”, y que nuestra tarea educativa nace precisamente allí donde la vida se vuelve más frágil.
Reducir el debate a una respuesta penal anticipada implica simplificar una realidad profundamente compleja y correr el foco de lo verdaderamente urgente: la prevención, la educación y el acompañamiento sostenido. Tal como advierte la Conferencia Episcopal Argentina, insistir solo en la pena invisibiliza el rol irremplazable de la familia, la escuela, la comunidad y el Estado en la construcción de condiciones dignas para el desarrollo integral de las infancias y juventudes.
Desde nuestra experiencia educativa concreta, reafirmamos que las Escuelas y los Centros Educativos Comunitarios son espacios privilegiados para cuidar la vida que crece, para ofrecer sentido, pertenencia, límites y horizontes. En esta línea, el documento provincial Acompañando Vidas Diversas sostiene que nuestras instituciones están llamadas a asumir una mirada integral sobre la vida, incluso —y especialmente— cuando se trata de realidades complejas y desafiantes.
Bajar la edad de imputabilidad contradice el espíritu de la Convención sobre los Derechos del Niño, a los que nuestros 3 países adhieren, particularmente su artículo 37, que establece que la privación de la libertad debe ser siempre una medida de último recurso y por el tiempo más breve posible. Pero, sobre todo, contradice una visión educativa y cristiana que confía en la posibilidad de transformación, en la fuerza de la comunidad y en la esperanza como motor de futuro.
Como Maristas, creemos y defendemos que la verdadera prevención nace del cuidado compartido: de familias acompañadas, de comunidades educativas comprometidas, de políticas públicas integrales y de un Estado presente. Apostar por más educación, más comunidad y más acompañamiento no es ingenuidad: es una opción ética, pedagógica, evangélica y carismatica:
“Amaos unos a otros como Cristo os ha amado. No haya entre vosotros sino un solo corazón y un mismo espíritu.”
(San Marcelino Champagnat)
Reafirmamos, entonces, nuestro compromiso con una educación que llegue a tiempo, que cuide, que incluya y que no se resigne a perder a ningún niño, niña o joven. Porque educar y acompañar es, para nosotros, una manera concreta de defender la vida y de seguir sembrando futuro.
Provincia Marista Cruz del Sur
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