Los Maristas, al celebrar cada año, con gratitud y alegría, el don de su vida y su santidad, renovamos el llamado a seguir su ejemplo, a contagiar fraternidad en medio de las heridas y fragmentaciones del mundo actual y a hacer crecer en tantas niñas, niños y jóvenes un Amor que no claudica, una Esperanza que no defrauda.

La Iglesia encontró en Marcelino un modelo de vida evangélica,  un testigo sobresaliente de la fuerza del Espíritu Santo en el mundo y verificó una señal milagrosa atribuida a su intercesión —condición necesaria de santidad— en la curación inexplicable del hermano marista Heriberto Weber: Residiendo en Uruguay, en julio de 1976 el Hno. Heriberto, que padecía un cáncer pulmonar, fue diagnosticado incurable pero,  luego de rezar una Novena al entonces beato Marcelino Champagnat, se recuperó de manera sorpresiva e inexplicable. Las radiografías confirmaron la desaparición total de su enfermedad. Heriberto Weber falleció años después, en 1988, a causa de un accidente automovilístico.

El hecho, certificado por médicos, fue reconocido como el milagro necesario para acabar de corroborar la santidad de Champagnat,  canonizado el 18 de abril de 1999 por Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

Decenas de miles de personas acudieron a la Ciudad Eterna desde todas partes del mundo Marista. Probablemente en un número que jamás se volverá a reunir. Todos llevaban sus “bufandas de Champagnat” y a menudo cantaban el nombre del nuevo santo mientras recorrían Roma. Entre los peregrinos había aproximadamente mil Hermanos, por entonces una quinta parte completa del Instituto, que, en uno de los eventos previos, se reunieron en una memorable noche en la Casa General.

Durante varios días, participaron en conciertos, recepciones, encuentros juveniles y celebraciones litúrgicas;  cantaron canciones hechas específicamente para el momento; se reunieron y festejaron juntos. En la mañana ligeramente lluviosa del domingo 18 de abril,  llenaron la plaza de San Pedro para escuchar al Papa proclamar la santidad de Marcelino. Las celebraciones continuaron mucho después de la Misa, mientras los Maristas se adueñaban de Roma…(cf. Hno.Michael Green)

Fue un gran acontecimiento que todavía resuena en nuestros corazones y mantiene vivo, cada vez que lo evocamos,  su llamado a ser valientes. ¡A ser Marcelinos hoy!

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