El Área de Vocación de la Provincia Marista Cruz del Sur comienza a desplegar y validar los modos propios de nuestro carisma y nos propone, para comenzar, entrenar la habilidad “cuidante” como una decisión, una elección cotidiana, un modo concreto de ser y de estar. 

En su acepción original, cuidar implicaba “pensar con atención”. Sólo con el tiempo adoptó el sentido de velar por algo o por alguien. La idea de fondo se expande así en un campo semántico mucho más vasto: cuidar es tener algo en la mira pero es también tenerlo en el corazón para protegerlo y en las manos para ocuparse de ello. Es ponerse en movimiento. Es expresión de amor. Es precisamente por esto que cuidar es más que una tarea: cuidar es una decisión, una elección cotidiana, un modo concreto de ser y de estar.

El legado escrito de Marcelino revela que la Vocación Marista nace del cuidado como gesto profundamente humano y evangélico. Así como Marcelino cuidaba de sus primeros hermanos con ternura, atento a cada hermano en particular y animando a cada uno a desplegar su mayor potencial desde sus propios talentos, del mismo modo están los y las maristas de Champagnat llamados a cuidar y dejarse cuidar. Cuidar al más vulnerable, al que aprende, al que enseña, al que trabaja y al que busca su lugar en la comunidad. Cuidar los vínculos, las palabras, el ambiente, la casa común. Cuidar de uno mismo. Todo eso es parte fundante de la misión compartida. Ése es el mayor regalo y el principal llamado: entrenar la habilidad “cuidante”, que el paradigma del cuidado sea el lente a través del cual mirar el mundo. En una sociedad, en un mundo que des-“cuida”, el cuidado se vuelve un acto de rebeldía, algo contracultural.

El cuidado se vuelve presencia entre las y los maristas, y los gestos cotidianos de acompañar, escuchar y sostener expresan una forma de mirar la vida donde cada persona importa desde su singularidad. Allí, en lo sencillo y lo cercano, en lo concreto de la cotidianeidad se hace visible una espiritualidad que pone en el centro la dignidad de los demás. El cuidado se encarna en la paciencia de quien acompaña procesos, confiado y convencido de que animar es también alimentar la esperanza. De este modo cada encuentro se vuelve sagrado porque es una oportunidad para cuidar la vida que crece.

Encontrarse con el cuidado como sentido invita a mirar a con los ojos de Jesús, a dejarnos inspirar por los modos de cuidar de María. Implica recordar que sólo así se puede crecer en humanidad. Implica renunciar al reconocimiento y a lo extraordinario para dar paso a una tarea cotidiana y muchas veces silenciosa que es constructora de comunidad.

Así, cuidar se vuelve un modo particular de caminar juntos y juntas. Es este el estilo el que busca el Área de la Vocación en cada encuentro, con cada propuesta: Hacer del mundo un lugar un poco más humano y un poco más fiel al Evangelio.

Porque allí donde hay pienso, y pienso con cuidado, allí se vive, se respira, se celebra y se anuncia la fraternidad que soñó Marcelino.

 

Compartir noticia

También te puede interesar...

Suscribite
a nuestro Newsletter
Últimas noticias

Categorías