Provenientes de distintos Centros Educativos de nuestra Provincia, compartieron entre el 8 y el 14 de agosto una potente Experiencia de Voluntariado en la Misión Marista de Nueva Pompeya, Chaco, en pleno corazón del Impenetrable.

Mariana Barcia y Matías Sastre Riva (Zorrilla-Montevideo-UY), Aldana Silva y María Luján García  (CEC Miguel Ángel Isla-La Plata-Buenos Aires-AR), Lázaro Lorusso (MacNab Bernal-Buenos Aires-AR), Melisa Simiones y Micaela Nuñez (Ntra.Sra.de Luján-Buenos Aires-AR), Daniela Cicapolli, Gabriela Di Giacomo y Agostina Vitti (Ntra.Sra.del Rosario-Santa Fe-AR) y Nikola Democles García y Hugo Mateo Calermo (Mundo Juvenil Marista-Chaco-AR) dijeron sí a salir al encuentro más allá de las fronteras y, luego de casi dos días de viaje, abrazaron la oportunidad de dejarse asombrar por los tesoros de la interculturalidad y la tierra sagrada del Impenetrable, en Nueva Pompeya, acompañados por Mónica Linares y Analía Perret, referentes provinciales del Área de la Vocación.

“Les agradezco haber respondido positivamente a la propuesta”, expresó el H. Provincial, Horacio Bustos, al hacerles llegar su mensaje de bienvenida.

Es una gran ocasión para hacer una experiencia marista de servicio, interioridad y espiritualidad en la que encontrarán a Dios en la vida de muchas personas con otras culturas, con otras lenguas, con otras maneras de mirar y de cultivar la vida.”

“Que la experiencia les pueda servir para crecer desde lo más profundo. Les envío mi acompañamiento, mi recuerdo y mi oración. Que, en estos días, el Señor, nuestra Buena Madre y Marcelino, nuestro padre y fundador, que amó profundamente a los niños, a los jóvenes, a las personas, y nos enseñó a mirar la vida desde la óptica de Dios, los guíe y los inspire.”

Vivimos la “Iglesia del delantal” en clave comunitaria…

El Voluntariado Marista en Cruz del Sur cuenta con la riqueza de sumar a la “Iglesia del delantal” la clave comunitaria y, desde allí,  se abre al discernimiento personal y comunitario, pasando por el corazón cada jornada para ofrecer y agradecer.

Se hace experiencia Caná, de camino transformador “de agua en vino”, de conversión de mente y corazón a la cual nos convoca este nuevo Hermitage.

Esta propuesta de vida y misión marista abre múltiples diálogos con el proceso vital, contribuyendo al despliegue y profundización  vocacional. Es propuesta de formación humana y profesional porque anima a reflexionar sobre el proyecto de vida personal y a resignificar profundamente el “ser” educador y educadora.

La comunidad del Chaco les abrió las puertas para ser su hogar en estos días, compartiendo no sólo su casa y su tierra, sino también su fe, sus luchas, su interculturalidad y su esperanza. Los esperaron con la mesa de La Valla servida: Una mesa que sabe acoger al que llega, que habilita a compartir el pan, la verdad y la vida, y que se ensancha para que todos y todas tengan un lugar.

Fueron testimonio profundo de comunidad, narrando con silencios, palabras, abrazos y trabajo comprometido que es posible esta historia que todos amamos, mientras vamos compartiendo la vida y guardando en el corazón los rostros y los nombres.

La comunidad de Voluntarios y Voluntarias salió al encuentro de los distintos lugares de misión pidiendo inspiración a María para acompañar desde el respeto, con ternura y cuidado. Acompañaron con propuestas de educación intercultural, de recreación y juegos, y espiritualidad comunitaria aprendiendo de manera novedosa claves y enfoques en cada espacio Marista donde estuvieron.

Las comunidades educativas que celebraron el envío de voluntarios, compartieron para que lleven sus educadores: cepillos de dientes y pasta dental para el proyecto de Salud Bucal; cierres, hilos, agujas y botones para las artesanías ; semillas y plantines para taller de Huerta y para el proyecto de Alternancia escolar. Material didáctico, artístico, deportivo y recreativo para los talleres con mujeres, jóvenes e infancias.

Todo ello fue destinado a las actividades desarrolladas en la Escuela Cacique Francisco Supaz y el CEC Marista.

Junto con el Equipo de la Secretaría por los Derechos y la Dignidad (CEC Marista) y la Comunidad de Mundo Juvenil, llegaron al paraje Nazario, donde aprendieron de las artesanas del chaguar sobre la fuerza del juntarse, sobre la magia de manos cuidantes de la Casa Común, sobre armar la mesa comunitaria, cargar la leña, hacer el fuego, cocinar siempre para todas y del trabajar juntas, sintiéndose en ese encuentro inolvidable como el hilo de chaguar: fuerte, unido, con savia y sol, habitantes de la tierra sagrada, sin nudos, tejido por la sabiduría y la belleza.

Los abrazos interminables, los rostros y nombres de niños y niñas y de las personas de las comunidades, nutrieron los sentidos de lo vivido cada día.

Ya próximos al cierre de la experiencia, las y los Voluntarios disfrutaron del Encuentro con los jóvenes del CEC y de Mundo Juvenil y de la Celebración final junto a toda la comunidad, que les compartió miel, palabras y gestos fraternos que animan a seguir caminando juntos y construyendo el Hermitage desde el Espíritu que nos habita.

Al despedirse, agradecieron a la Comunidad Marista Laical de Nueva Pompeya, a la comunidad de Mundo Juvenil Marista y a las comunidades educativas del Centro Comunitario Marista y de la Escuela Cacique Francisco Supaz.

El H. Gonzalo Santa Coloma, de la Comunidad de Hermanos de Rosario, se quedó unos días más para seguir acompañando desde la horizontalidad, la escucha y el regalo de su vocación de Hermano puesta, al servicio de los más jóvenes y de la fraternidad intercultural.

Carta a las Voluntarias y los Voluntarios

Durante la salida del Impenetrable, los voluntarios y las voluntarias recibieron este mensaje que María Elena Chaparro compartió en nombre de toda la Comunidad:

“Buen viaje y pido permiso a todos y todas los que somos parte de la comunidad Misión Nueva Pompeya. No podría escribir desde lo personal, por eso pido permiso para expresar estas palabras. Desde este lugar que los recibió, queremos decirles gracias por haber llegado, por compartir su tiempo, sus saberes, sus sonrisas y, sobre todo, por habernos mirado con respeto, cercanía y cariño.

Su presencia no fue simplemente una visita. Fue un encuentro entre personas, historias y realidades diferentes que nos permitió aprender unos de otros. Nos dejaron enseñanzas, recuerdos y momentos que quedarán guardados en nuestros corazones. Esperamos que ustedes también se lleven algo de nosotros: nuestras historias, nuestra cultura, nuestras luchas, nuestras esperanzas y la alegría de haber compartido este camino. Hoy termina este Voluntariado, pero queda el vínculo, queda la amistad y queda la certeza de que, cuando nos encontramos desde el respeto y el amor, todos tenemos algo para dar y algo para aprender.

Gracias por habernos elegido, por caminar junto a nosotros y por ser parte de nuestra comunidad. Que este encuentro no sea un punto final, sino un hasta pronto. Las puertas de nuestra comunidad quedan abiertas y nuestros corazones también.                          

Gracias a cada persona que fue parte de este camino, por su entrega, por su alegría, por las dificultades compartidas y, sobre todo, por no dejar de creer que un mundo más fraterno es posible. Que San Marcelino Champagnat nos siga enseñando a hacer el bien con sencillez, cercanía y amor. 

¡Gracias, voluntarios Maristas, por haber dejado una huella en nosotros!  ¡Qué más decir que Buen y Bendecido regreso a sus Hogares y a su Comunidad!”

Esta rica experiencia envía a Voluntarios y Voluntarias a seguir encarnando el carisma que los une, a ser regalo para otros y otras en cada lugar de origen, en cada comunidad. A compartir la Buena Noticia vivida. Como lo hizo el H. Pedro Martinol, que se llevó el pan que le dió el Padre Champagnat hasta su comunidad. Como lo hicieron los discípulos de Emaús ante el ardor que sintieron por el pan compartido por Jesús. Para la vida en abundancia.

 

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