
En la Casa Buena Madre, de Ytú, Caacupé, en Paraguay, los días 4 y 5 de octubre 39 jóvenes miembros de Mundo Juvenil provenientes de distintos puntos del país ―Coronel Oviedo, Caaguazú, Limpio y Asunción― junto con representantes de MJ Argentina-Chaco y Uruguay-Montevideo, convocados por la Pastoral Juvenil, armaron su "tienda del encuentro" bajo el Lema Oñondive Jaguata (Juntos Caminamos).
El Campamento comenzó con una dinámica del autocuidado que supuso contemplación y reflexión interior. Los participantes fueron invitados a mirar hacia adentro, a reconocer con gratitud lo que son y a compartirlo con los demás desde la sencillez del corazón. Luego se realizaron juegos de postas que fortalecieron la conexión entre los grupos, promoviendo el trabajo en equipo, el compromiso y la alegría de reencontrarse.
Después del almuerzo y un breve descanso, se desarrolló una búsqueda simbólica de tesoros en la que los jóvenes fueron descubriendo objetos, símbolos, fotografías, camisetas y recuerdos que representaban los distintos momentos vividos por el Mundo Juvenil desde sus inicios 2016 en los primeros encuentros de MJM hasta el 2025. Estos elementos se integraron en una línea de tiempo cerrando el momento con una celebración central en la que un camino fue símbolo del recorrido de esta gran familia juvenil y de su proceso de crecimiento a lo largo de los años.
La tarde continuó con la merienda y momentos de fraternidad, como un animado partido de vóley y el armado del camping. Al caer la noche, se vivió un profundo encuentro espiritual agradeciendo el proceso de vida de los participantes y la llamada de Dios a redescubrirlo en la vida y en el camino de fe recorrido junto a otras personas que dejaron su huella en cada uno de ellos. Se encendieron velas por los nombres de las personas que influyeron en su caminar y una antorcha, signo de esperanza y compromiso, que invitó a todos a encender su luz interior, a seguir observando el Cielo, las estrellas, y a caminar juntos en comunidad. El día concluyó con el tradicional fogón fraterno, donde cada talento fue aplaudido, valorado, con un momento festivo, cerrando la jornada con gratitud, alegría y espíritu de familia.
El domingo por la mañana inició con una oración comunitaria en la que se agradeció todo lo vivido entregándole a la Buena Madre los sueños que Dios tiene para su juventud y renovando el compromiso de seguir caminando juntos.Luego se abrió un espacio de diálogo con miras a propuestas hacia el 2026 y se presentó el Plan “Oñondive Jaguata” (Juntos Caminamos), una propuesta para trabajar mensualmente en cada comunidad de Mundo Juvenil Marista con miras a los 10 años de su Aniversario. Este Trayecto 2026 pretende fortalecer el espacio y celebrar juntos el camino caminando juntos destacando el Proyecto “Añua” (Abrazo) que busca dar sentido y continuidad al camino del Mundo Juvenil ayudando a los jóvenes a salir de su zona de confort y a acompañar el propósito de vida personal y comunitaria.
En el cierre de este momento, cada localidad recibió una cajita personalizada conteniendo una agenda y elementos representativos como el agua, la tierra, el viento y el fuego, signos de conexión con la Creación y con la historia compartida.
Este gesto simbolizó el inicio de una bitácora comunitaria en la que cada grupo podrá escribir su camino y registrar sus experiencias rumbo al décimo aniversario del Mundo Juvenil en 2026 tejiendo con palabras y gestos la memoria viva de este sueño compartido en los 3 países de la provincia.
El Campamento concluyó con la mesa compartida con un rico almuerzo comunitario, la tradicional foto grupal y el sentimiento profundo de haber vivido un fin de semana lleno de fe, fraternidad y espiritualidad marista.
Algunos testimonios de las y los jóvenes dan cuenta de lo vivido:
“Lo que más destaco de la experiencia en el Campamento de Mundo Juvenil en Paraguay es la increíble similitud de algunas cosas que me hacían sentir como en casa. Me sorprendió mucho la alegría y el entusiasmo que transmitían; también el hecho de que los que estaban ahí ya participaban en esto de ser Marista desde las escuelas. Cada participante venía de distintos lugares pero tenían el mismo objetivo y ganas de compartir la vida. Esos dos días fueron increíbles. Regresé a casa, a mi tierra, con el corazón lleno de vida, alegría y con muchas ganas de seguir creciendo y aprendiendo más sobre lo que significa ser Marista.”
Franco Cuellar, Mundo Juvenil Chaco
“Pertenezco a Mundo Juvenil Marista desde hace muy poco. Soy del Impenetrable Chaqueño, de la comunidad Wichí. El participar del Campamento fue magnífico; el conocer otro país, otros jóvenes con sueños, metas parecidas a las mías, me hizo sentir el amor de Dios en su totalidad. El participar y conocer Jóvenes de Caaguazú, San Pablo-AS, Oviedo, Horqueta, Limpio, Argentina, Uruguay, me hizo profundizar en lo grande que es ser comunidad Marista. La experiencia en sí fue muy preciosa; nos divertimos; las actividades fueron intensas pero divertidas; en esos días sentí que la hora paso volando. Nosotros hicimos mucho esfuerzo para poder realizar el viaje a Paraguay, y creo que todo el esfuerzo valió la pena. Porque fue una experiencia única, llena momentos, risas y recuerdos muy significativos para mi. Esta experiencia del Campamento MJM en Paraguay quedo guardada en mi corazón como una de las más lindas, donde puedo resignificar el enorme amor de Dios hacia mí por permitirme conocer personas llenas de Espíritu.”
Ariel Molato Mundo Juvenil Chaco
“Si tuviera que describir mi primera experiencia fuera de Argentina en una sola palabra, diría que fue transformadora. El largo viaje desde mi provincia hasta la Casa Marista Ytu, inició el 2 de octubre al atardecer junto a mis compañeros de grupo, y nos llevó a Paraguay la mañana del 3, inaugurando una aventura que duraría hasta el 6. Este recorrido fue el primer paso hacia un encuentro fascinante.
El campamento “Oñondive Jaguata” me permitió descubrir la potencia de un sueño compartido por jóvenes de Paraguay, Uruguay y Argentina. Al principio, la timidez me invadió, pero la calidez de la comunidad marista laica, y la inmensa hospitalidad de todos, rápidamente me hicieron sentir en casa. Me impactó profundamente la sencillez de los gestos cotidianos: una sonrisa, una ayuda inesperada, el esfuerzo constante por que estuviéramos cómodos. Me demostraron que el compromiso y la solidaridad son contagiosos. De esta experiencia me traje algo invaluable: La certeza de que las actividades más sencillas, como cantar y bailar juntos, tienen el poder de unirnos y reavivar el sentido de comunidad. Me fui con el corazón renovado, lleno de nuevas amistades y la profunda convicción de la importancia de la convivencia fraterna.
Volví con la mirada más abierta y la emoción de haber superado un nuevo desafío personal.”
Rosa Erica Soraire, Mundo Juvenil Paraguay
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