Al cumplirse 800 años de la muerte de Francisco de Asís, el papa León XIV proclamó la celebración de un año especial que, entre el 10 de enero de 2026 y el 10 de enero de 2027, nos invita y nos impulsa a todos a contemplar y reflejar su santidad y a ser urgentes testigos de paz y de cuidado de la vida.
Los Maristas que, conforme al ejemplo y las enseñanzas de Marcelino Champagnat, procuramos también vivir la humildad, la sencillez y la modestia que Francisco encarnara, lo apreciamos como modelo de simplicidad y amor a la Creación y destacamos su confianza en la providencia de Dios, la importancia de la pobreza evangélica y el cuidado de la vida, de toda vida, en la Tierra, nuestra única casa común.
“Nuestra época —se lee en el Decreto promulgado por la Penitenciaria Apostólica del Vaticano— no es muy diferente de aquella en la que vivió Francisco, y precisamente por eso su enseñanza es quizás hoy aún más válida y comprensible. Cuando la caridad cristiana languidece, la ignorancia se extiende como la mala costumbre y quienes exaltan la concordia entre los pueblos lo hacen más por egoísmo que por sincero espíritu cristiano; cuando lo virtual prevalece sobre lo real, las disputas y la violencia social forman parte de la vida cotidiana y la paz se vuelve cada día más insegura y lejana, que este Año de San Francisco nos impulse a todos, cada uno según sus posibilidades, a imitar al Pobrecillo de Asís, a formarnos en la medida de lo posible según el modelo de Cristo, a no hacer vanos los propósitos del Año Santo que acaba de pasar:
Que la esperanza que nos ha visto peregrinos se transforme ahora en celo y fervor de caridad activa.”
Durante el Año Jubilar se llevarán a cabo actos especiales como la exposición de los restos de San Francisco en Asís durante la Cuaresma de 2026 (del 22 de febrero al 22 de marzo) y se concede la Indulgencia Plenaria a quienes realicen peregrinaciones a cualquier iglesia conventual franciscana, o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco o relacionado con él por cualquier motivo (o a quienes, impedidos, las intencionen), participen activamente de la vida sacramental, en especial de la Eucaristía, oren y trabajen por la reconciliación universal con Dios, comprometidos con sus hermanos y hermanas y con toda la Creación.
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