“Es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso”, afirmó el Papa León XIV en su Mensaje para el Tiempo de Cuaresma, publicado el 13 de febrero.

La Cuaresma como tiempo de conversión

El Papa destaca “un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza”.

Es una oportunidad de conversión, “una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”.

León destaca tres coordenadas esenciales para recorrer ese camino: escuchar la Palabra, ayunar y enfatizar la dimensión comunitaria.

Escuchar

La primera orientación del Papa es escuchar, pues representa la primera señal del deseo de entrar en relación con el otro. Se recuerda que Dios mismo se revela como Aquel que escucha: “yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor” (Ex 3,7). Este proceso de escucha implica una historia de liberación. Adoptar esta actitud de receptividad significa dejarse instruir por Dios para escuchar a su manera, reconociendo, como dice literalmente el texto: “la condición de los pobres representa un grito que… interpela constantemente nuestra vida … y especialmente a la Iglesia”.

Ayunar

La segunda coordenada es ayunar. El ayuno “constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”. Como antiguo ejercicio ascético, “sirve, por tanto, para discernir y ordenar los ‘apetitos’, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”. Citando a San Agustín, Prevost explica que la práctica del ayuno “permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien”. Para el Papa, el ayuno debe ser “signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal; el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”.

Juntos (dimensión comunitaria)

Finalmente, el texto del Papa destaca cómo se debe enfatizar la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y la práctica del ayuno durante este tiempo de preparación para la Pascua. De hecho, “la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”. Concretamente León pide que la Cuaresma “haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados”, y que la práctica del ayuno “alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás”.

La última petición del Papa es

comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.

El texto completo del Mensaje puede leerse acá.

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