
Personal de Maestranza de distintas Obras Educativas de la Provincia fue invitado a compartir y celebrar la Pascua en la Villa Marista de Luján.
La propuesta “Ven a casa”, que reunió a quienes hacen posible y agradable la vida cotidiana de nuestras obras, fue pensada desde el cuidado y la celebración de la vida y del servicio.
En tiempo pascual, esta iniciativa buscó reconocer, valorar y acompañar a quienes, desde tareas muchas veces silenciosas, hacen posible la vida diaria de las comunidades educativas.
El encuentro reunió a participantes de diferentes zonas, generando un espacio de intercambio que dio lugar a lo personal, lo comunitario y lo trascendente. Desde el inicio, fueron invitados a habitar el espacio como una casa compartida donde cada historia, cada trayecto y cada experiencia tuviera lugar.
Las tres jornadas se desarrollaron en torno a tres ejes: el encuentro con uno mismo, el encuentro con Jesús de Nazaret y el encuentro con el regalo del carisma Marista. El primer día estuvo marcado por la llegada, el reconocimiento mutuo y la puesta en común de las propias historias. A través de distintas dinámicas, las y los participantes fueron compartiendo quiénes eran, de dónde venían y se dedicó un buen espacio para presentar a sus propias comunidades.
La segunda jornada propuso un itinerario en un nivel más profundo: Bajo la consigna “Al encuentro de lo que soy”, cada participante fue animado a reconectar con su propia historia, sus vínculos, sus preguntas y sus búsquedas. Luego fueron convocados a reconocer la experiencia de Dios en la vida cotidiana propiciando un encuentro más personal con Jesús desde la invitación a dejarse mirar por Él y abrirle la puerta de sus corazones, para que Él habite todos los rincones de sus vidas e historias iluminándolas con su luz… Es allí donde se le dijo a Jesús: “Ven a mi casa”.
El tercer día estuvo orientado a profundizar en el carisma Marista como un regalo compartido. A través de distintas dinámicas, se los motivó a reconocer cómo ese carisma puede dar sentido a su vocación educadora y expresarse en el modo en que se llevan adelante las tareas cotidianas, en los vínculos que se tejen en cada obra, en lo sencillo de la vida compartida, convirtiéndolos así en verdaderos educadores de nuestros niños y adolescentes en cada comunidad educativa.
Más allá de las actividades, el encuentro dejó como huella la experiencia de comunidad: saberse parte de una familia más amplia, donde cada rol es valioso y cada persona es reconocida. En un contexto donde muchas veces lo urgente desplaza lo importante, “Ven a mi casa” se presentó como una pausa significativa para volver a lo esencial, disfrutar de un espacio de encuentro y espiritualidad para reafirmar una convicción central del espíritu Marista: que toda tarea puede ser lugar de encuentro, de servicio y de construcción de comunidad.
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