Hoy recordamos al Hno. Henri Vergès, mártir marista beatificado en 2018 en Orán, Argelia, cuya vida entregada sigue siendo signo de esperanza y fidelidad en contextos desafiantes.-

Nació el 15 de julio de 1930 en los Pirineos Orientales, en un hogar modesto y rural, y a los 12 años inició sus estudios para ser Marista. En 1947, dio comienzo su labor educadora y fue en 1968 cuando su Superior lo destinó a Argelia para servir allí a los más necesitados. Arribó a Argel un año después y, durante 25 años, hasta su trágica muerte ocurrida el 8 de mayo de 1994 a los 63 años de edad, consagró todas sus energías a la misión superando desafíos y adversidades, dejando una huella imborrable en miles de estudiantes y demostrando una dedicación inquebrantable.

Una solidaridad y una compasión que no hacían acepción de personas , y un coraje singular para dar testimonio de Jesús y de su Buena Noticia en contextos desafiantes destacaron su consagración.

En 1994, el Hno. Henri trabajaba en la biblioteca de Ben Cheneb, en el alcázar de Argel,  donde servía a jóvenes estudiantes junto a la Hna. Paul-Hélène Saint-Raymond.

Ante la tensión que se vivía en Argelia a causa de una guerra civil signada por el terrorismo y la violencia , fue invitado a regresar a Francia junto a los Hermanos de su comunidad, pero, después de un serio discernimiento, decidió quedarse en el lugar.

El domingo 8 de mayo de 1994, en el contexto de una manifestación a favor de la reconciliación, tres jóvenes terroristas irrumpieron en  la  biblioteca donde el Hno.Henri trabajaba y a la que acudía un centenar de jóvenes.

Hacia las 13.50 se oyeron dos disparos en el primer piso. Uno de ellos había matado a Henri Vergés en su despacho y el otro fue dirigido contra la Hna. Paul-Hélène , asuncionista, que trabajaba allí también. Los jóvenes alcanzaron a huir. Y Henri, con su muerte, se convirtió en uno de los 19 religiosos y religiosas Mártires de Argelia asesinados durante la guerra civil.

(Detalles relatados por una testigo visual,  Souad S., encargada aquel día de distribuir los libros a la entrada de la biblioteca.)

Su vida y su muerte nos siguen hablando: educar, servir y permanecer, incluso en medio de la incertidumbre, como testigos de una esperanza que no se apaga.

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