Mayo es un tiempo de devoción especial a María no solo para los Maristas sino para toda la Iglesia. Un tiempo especial para recordar que, como lo hizo ella, nosotros también somos llamados a llevar la vida de Cristo al mundo.

La Regla de Vida del Instituto Marista, después de pedirnos que pongamos nuestra “confianza total en el Señor, al igual que el Padre Champagnat”, nos invita  a confiar “en María, como nuestra Buena Madre, porque Ella lo ha hecho todo entre nosotros” (Donde tú vayas, 83).

San Marcelino incentivó la celebración del Mes de Mayo, como lo recuerda su biógrafo, el Hno. Juan Bautista Furet —“Todos los Hermanos se esmerarán en hacer cuidadosamente el mes de María, y procurarán que sus alumnos lo hagan también con gusto y devoción”— desde lo más hondo de su corazón ya que él recibió el don de vivir una profunda relación con Jesús y María. Jesús y María eran el tesoro donde Marcelino había aprendido a poner su corazón. Y nuestra espiritualidad comenzó con ese don.

Compartir la tarea de María de traer la vida de Cristo al mundo y ser el rostro al mismo tiempo tierno, sobrio, valiente y firme de la Buena Madre de Dios es esencial a nuestro carisma.

Que este Mes especialmente dedicado a nuestra Buena Madre renueve y vivifique nuestro propósito de llevar la Buena Noticia de la justicia y de la fidelidad misericordiosa del Señor a las niñas, niños y jóvenes que Dios nos ha encomendado, especialmente a los más necesitados.

Más recursos para celebrar a María haciendo click ACÁ.

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