Felipe Tellechea, exalumno del Colegio Marista "San Luis", de Pando, y del "Santa María", de Montevideo, Uruguay, hizo, junto a dos compañeras del mismo colegio, un Voluntariado en los Colegios Maristas "San José de Mendoza", "Champagnat" de El Challao y "Santa María de Belén" de Las Heras, en Mendoza, Argentina, y experimentó lo que sucede cuando nos animamos a salir de la zona de confort, confiamos en los planes de Dios y dejamos que él nos sorprenda.

Recibido, junto a Macarena y Federica, por la Comunidad de Hermanos Maristas de Mendoza, se dispuso a acompañar y prestar servicio en las actividades de los tres colegios con muchas ganas y alegría pero también con bastante incertidumbre.

“Creo que no saberlo todo de lo que vamos a vivir es parte constitutiva del Voluntariado —afirma Felipe—. Se trata de animarse a desapegar de lo seguro y conocido, de dejarse sorprender y confiar en que los planes de Dios son perfectos…

…Y sin duda así lo fueron: la comunidad que nos recibió es hermosa. Pudimos conectar muy bien tanto con los Hermanos como con los Colegios.”

—¿Cuándo y por qué nació tu deseo de ser Voluntario?

—Desde mis años de secundaria, participé en diversas instancias formativas, experiencias de servicio y voluntariados, entre ellos los servicios de “Tinku”, la Pastoral Juvenil Marista del Colegio “San Luis” de Pando, en Uruguay, y en diversos proyectos solidarios y encuentros nacionales y provinciales. Durante todo este recorrido logré conectarme con el “Ser Marista” y entendí que quiero vivir mi vida en clave de solidaridad. Hace ya tres años conocí a un voluntario Marista español que realizó su experiencia de servicio en Uruguay y en ese encuentro descubrí esta propuesta. Desde el primer momento me entusiasmó profundamente.

— A partir de las experiencias vividas, ¿cómo explicarías a otras y otros jóvenes lo que es el Voluntariado?

— El Voluntariado es “poner el cuerpo”: estar disponible para los demás y ayudar con lo que necesiten. Es hacerse presente, acompañar, escuchar y caminar junto al otro. Ser Voluntario Marista es seguir con el sueño de Marcelino. Es acompañar y cuidar a niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Compartir juegos, risas y aprendizajes. Es dar, pero también recibir y aprender aún más. Además, hacerlo con otros, poder contar siempre con alguien que está en la misma situación que vos, es sin duda muy bueno.

— ¿Qué te dejó la experiencia? ¿Cuál fue tu “cosecha”?

— Sin duda fue una experiencia muy provechosa. Me llevo muchísimos aprendizajes de los hermosos colegios Maristas que hay en Mendoza. Me ayudó mucho a encontrar el camino que quiero seguir de ahora en adelante, tanto en la elección de mi profesión como de mis intereses.

Desde lo espiritual, esta experiencia también me ayudó a acercarme más a Dios y a descubrirlo presente en la vida cotidiana. Además, vivir en comunidad, compartir el día a día entre Laicas, Laicos y Hermanos, fue algo muy lindo. Aprendí mucho del compartir cotidiano con los Hermanos de Mendoza. Se nota el amor y la alegría con la que viven su vocación, y el enorme corazón que tienen. Sin duda, me voy más que agradecido con ellos por todo lo compartido.

— ¿Animarías a otras y otros jóvenes a hacerla? 

—Sin duda que sí. El Voluntariado Marista es una experiencia transformadora. Realmente no hay nada más lindo que poder ayudar al otro desde la humildad y la empatía. Personalmente, creo que es una de las mejores formas de crecer y aprender. Sin importar la edad que tengas, anímate a vivirla. Son experiencias que te llenan el alma.

Compartir noticia

También te puede interesar...