Macarena Diz hizo su propia experiencia de Voluntariado durante más de un mes en los Centros Educativos Escolares Maristas de la provincia de Mendoza junto a Federica Sena, alumna como ella del Colegio Marista “Santa María” de Montevideo, y a Felipe Tellechea, exalumno de la misma institución, y nos comparte aquí sus impresiones y vivencias más profundas.

“Viajé a Mendoza con mucha emoción pero también con ciertos interrogantes respecto al rol que iba a desempeñar —confiesa Macarena— y a cómo iban a ser los próximos dos meses. Habiéndolo vivido, puedo concluir que esos interrogantes son parte fundamental de la experiencia. Entendí que ser voluntario es abrirse a la incertidumbre, confiando en que siempre va a haber alguien para acompañarte. La comunidad de Mendoza (tanto Hermanos como Laicas y Laicos)  nos dio una cálida bienvenida y estuvo siempre disponible para lo que necesitáramos.”

—A partir de lo vivido, ¿cómo explicarías a otras y otros jóvenes lo que es el Voluntariado? 

—El Voluntariado es una experiencia de confianza. Una experiencia donde uno decide dar su tiempo a otro sin importar quién sea. Es ser presencia, confiando en la potencia de la misma. Es abrirse a la incertidumbre confiando en que los planes que Dios tiene para cada uno son perfectos, y en que, si las cosas se hacen con cariño, todo va a salir bien –responde con convicción y entusiasmo.

—Teniendo en cuenta el desafío que supone, ¿te resultó difícil? 

—Uruguay y Argentina, aun cuando hay cosas que nos diferencian,  comparten muchos rasgos culturales, por lo que, en este sentido, no tuve dificultades.  Lo que te desafía, y guarda también un valioso aprendizaje, es adaptarte a vivir en un espacio físico diferente, con personas que capaz no conoces tan en profundidad y con una rutina distinta a la propia. De todas maneras, hacerlo acompañada de Fede y de Feli hizo que todo se volviera más sencillo y que cada día fuese mejor que el anterior.

—¿Qué dirías acerca de lo que te dejó la experiencia? ¿Cuál es tu “cosecha”?

—Para mí, este Voluntariado fue, además de otras cosas, una experiencia de fe.  En él pude vivir en profundidad mi espiritualidad encontrando a Dios en cada una de las personas que me iba cruzando y en la inmensa naturaleza que nos rodeaba. Pude entender la importancia que tiene la oración diaria y el refugio que ella puede significar.

En este mes y medio pude ver también la valentía que implica llevar una vida religiosa y en comunidad. De cada uno de los Hermanos me llevo un aprendizaje que atesoraré por siempre. Al igual que de los Laicos y las Laicas con quienes compartimos. Poder ver la vocación con la que viven cada una de sus profesiones fue un privilegio súper enriquecedor. Además, participar de las diversas propuestas amplió mi horizonte respecto de las distintas maneras que existen de servir al prójimo.

—¿Animarías a otras y otros jóvenes a ser voluntarios?¿Por qué?

—Sin duda los animaría. Conocer otras realidades o personas alejadas de tus propios contextos y en servicio te ayuda a conocerte más a vos mismo. La lejanía te permite ver cosas que en tu día a día se te pueden estar escapando. Y el hecho de alejarte de tu cotidianeidad por un tiempo para volcar toda tu energía al servicio de un otro es, en todo sentido, una experiencia transformadora.

 

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