Del 11 al 13 de septiembre, adolescentes de las obras Maristas Santa María, Zorrilla, Hogar Marista, Pando y Durazno, de Uruguay, vivieron en Montevideo un nuevo Encuentro Nacional de Adolescentes Maristas “El Secreto de los Tres-Uno”, siempre renovada experiencia de autoconocimiento y de fraternidad que los invitó a descubrir el carisma marista, nuestro modo de ser Casa-Hogar, la fe y el amor que la anima y la riqueza de su diversidad.

Organizado por la Pastoral Juvenil Marista de la Provincia, el Encuentro, se desarrolló a través de nueve propuestas —Integración, Visita al mundo extraordinario: Los portales, Escuchar a nuestro héroe interior, El primer secreto: Compañeras y compañeros maravillosos, Un mar de aventuras, Soy porque nosotros somos, La fiesta va a empezar: Fogón, y Regreso al mundo ordinario: la Celebración— que invitaron a los participantes a integrarse, reconocer y valorar sus habilidades, expresar sus inquietudes, preguntarse por el sentido de sus vidas, compartir sus sueños y vivir momentos significativos de interioridad y espiritualidad.

Las y los chicos se dividieron en grupos de vida a través de las denominadas “Casas”, inspirados en el estilo de familia que promovía Marcelino Champagnat y que constituye uno de los rasgos propios del carisma marista. Esta propuesta buscó favorecer la integración, el sentido de pertenencia y la construcción de vínculos desde la vida compartida. Cada Casa, conformada por chicos y chicas de distintas obras, creó su propio nombre y bandera que, además de identificarlos ,se convirtió en un registro de las experiencias y actividades compartidas. También eligieron un “grito” que les permitió reconocerse, convocarse, alentarse y celebrar juntos, poniendo en marcha la primera jornada del Encuentro.

Luego fueron invitados a visitar un mundo extraordinario a través de los distintos Portales —Heroico, Carismático, Cuántico, Cooperativo y Misterioso— en una propuesta lúdico-creativa que los invitó a explorar diferentes dimensiones de sí mismos y de la vida compartida. A través de las distintas experiencias, pudieron reconocer y expresar sus emociones en la participación grupal, así como descubrir y valorar sus propias aptitudes y habilidades.

Al cierre del primer día, profundizaron en el encuentro con su propia identidad, especialmente con la identidad marista, descubriendo el valor de reconocerla, cuidarla y hacerla parte de su vida. Una identidad que se construye y se comparte con alegría, desde el esfuerzo, el trabajo en equipo y la audacia para asumir nuevos desafíos.

El segundo día reflexionaron sobre sus vínculos y sus intereses, se sumergieron en “Un mar de Aventuras” que puso en juego sus habilidades físicas y artísticas revisando lo que percibieron de sí mismos y lo que conocieron, inesperado, de sus compañeras y compañeros, experimentaron lo que significa ser-en-comunidad, ser-con-otras y otros y se dispusieron al encuentro con Jesús, que iluminó su experiencia desde el Evangelio.

El fogón, las danzas alrededor del fuego y lo que cada Casa aportó como fruto-resultado de su Aventura culminaron la jornada con gestos de agradecimiento y abrazos que dieron cuenta de una fraternidad fortalecida. 

El tercer y último día fue tiempo de cosecha y celebración. En sus banderas, chicos y chicas escribieron los tres secretos descubiertos a lo largo de la travesía, narraron aprendizajes y experiencias y colocaron las banderas en un Estandarte común.

Luego, para que todas y todos pudieran llevarse un poco de lo compartido, recortaron un pequeño trozo de la Bandera y la intercambiaron con las y los compañeros de la misma Casa regalándole un abrazo como signo que cada uno se lleva algo del otro y con ese abrazo se dijeron adiós. Un adiós repleto de vida, que abrazó también su sentirse maristas, de corazón.

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