
La cuarta semana del Itinerario Formativo que transitan los Hermanos Juniores en preparación a sus Votos Perpetuos en la Villa Marista de Luján, Buenos Aires, desplegó espacios de autoconocimiento, de encuentro con estudiantes, de trabajo comunitario con la tierra y de reflexión bíblica, experiencias todas que continúan revelando la belleza del caminar juntos y compartir el crecimiento de su vocación.
En un Taller de Conocimiento Personal, el padre Carlos Otero los ayudó a mirar hacia su interior, reconocer sus historias y escuchar las experiencias de los demás. Entre palabras, silencios y momentos compartidos, fueron descubriendo que el autoconocimiento también es un camino para amarse y amar. La presencia cercana y fraterna del sacerdote dejó en todos un profundo sentimiento de gratitud.
La vida comunitaria siguió su ritmo. Algunos Hermanos estuvieron en el Colegio Marista Nuestra Señora de Luján compartiendo momentos con los estudiantes y conociendo un poco de sus historias y sueños. Fue un encuentro sencillo pero lleno de vida de esos que acercan a las personas y hacen nacer esperanza.
Con el trabajo comunitario, cuidaron la casa que los acoge y la Casa Común. Entre herramientas, esfuerzo y fraternidad, recordaron que cuidar la tierra es también reconocer que pertenecemos a ella.
En otro momento significativo, fueron invitados por la biblista Gloria Ladislao a contemplar a María a partir de los Evangelios.
La reflexión los ayudó a reencontrarse con ella no solo como la Madre que veneramos, sino como la discípula que camina, escucha y se pone en camino hacia el proyecto de Jesús. María, peregrina de la fe, continúa siendo una presencia que anima la esperanza y enseña a caminar.
Enfrentarse al espejo exige una serena valentía. Mirar hacia dentro, palpar las propias grietas, reconocer dónde el engranaje se atasca y dónde el don florece sin pedir permiso. Saber que cuidar del otro solo nace de quien primero habita su propia esencia con verdad, sin disfraz, sin armadura.
Y comprender que cada límite que nos rodea y cada potencial que nos habita no es un logro que me pertenezca solo a mí: es gracia pura, es el soplo de Dios reordenando el caos en belleza.
Y es en este suelo de revelaciones y espejos donde ella se hace presente:
María no habita en el silencio intocable de un altar… Ella desciende, camina por el sendero de nuestra lucha, respira nuestro cansancio, recoge los pedazos que dejamos caer.
Ella es la brújula viva, el mapa tierno, la mano que nos señala lo esencial cuando nos perdemos de nosotros mismos.
Es ella quien nos conduce, sin prisa y sin ruido, por el camino de la vida, directamente al corazón de su Hijo.”
Hno. José Augusto Wendler (Gutto) (Brasil Centro-Sul)
Ilustración: Hno. “Macuá” (México Central)
Así la semana llegó a su fin como quien cierra un capítulo sin terminar la historia.
Quedó la gratitud por una comunidad reunida en la diversidad, por tantas experiencias compartidas y por la certeza de que Dios continúa tejiendo una fraternidad que traspasa fronteras…
Eres un regalo de Dios y una manifestación del amor de Jesús y María a nuestro Instituto.
Vive tu camino de consagración unificado en la fe, la esperanza y el amor” (Regla de Vida 60)
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