Un emotivo mensaje de Camila Acosta, vicepresidenta del Centro de Estudiantes del Centro Educativo Marista “Inmaculada Concepción” de Caaguazú, Paraguay, resonó en la Clausura de la 100ª Reunión Ordinaria del Consejo Directivo del Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes (IIN-OEA) convocado en Guatemala subrayando el compromiso con la construcción de entornos seguros, inclusivos y participativos.

Así comparte Camila lo que significó participar en ese espacio clave donde autoridades regionales abordaron los desafíos de la niñez y la adolescencia en el Continente:

Fue una experiencia que me permitió mirar la participación desde una perspectiva diferente. Llegar hasta allí representando a Paraguay significó asumir una responsabilidad que va mucho más allá de llevar el nombre de un país: fue reconocer el valor de mi voz y el de tantas otras que merecen ser escuchadas.”

“Uno de los momentos que más me marcó fue compartir con representantes de distintos países. Aunque vivimos en contextos diferentes, nos une mucho más de lo que nos separa. Escuchar sus historias me permitió comprender que no se trata de comparar quién está mejor o peor, sino de aprender unos de otros. En lo personal, sentí que no estaba allí solo para compartir mi experiencia, sino para llevar conmigo las voces de las niñas, niños y adolescentes de todo un país, especialmente de quienes todavía no tienen la oportunidad de llegar a estos espacios.

Fue inevitable mirar hacia atrás y recordar a la Camila de antes: una niña que tenía mucho para decir, pero que guardaba silencio por miedo. Por eso esta experiencia tiene un significado tan especial para mí. Hoy me demostré que mi voz tiene valor y que, como estudiante de un colegio marista, puedo llevar más allá de las aulas los valores que forman parte de nuestro carisma.

Regreso con una convicción aún más fuerte: necesitamos más espacios donde las niñas, niños y adolescentes podamos participar, expresarnos y, sobre todo, incidir. No basta con estar presentes; es necesario que nos escuchen y tomen en cuenta lo que tenemos para decir.

Si algo quisiera transmitirles a quienes leen estas palabras es que se animen a levantar la voz. No crean que sus opiniones son demasiado pequeñas o que necesitan ser expertos para participar. Cada paso que damos abre caminos para los que vienen detrás.

Un día fui esa niña que tenía miedo de hablar; hoy tengo el privilegio de llevar mi voz mucho más lejos. Porque ninguna voz es demasiado pequeña cuando tiene algo que transformar.”

 

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