Entre el 25 y el 31 de Octubre, los Hermanos que caminan hacia su consagración recorrieron la última etapa del trayecto en la Villa Marista San José de Luján con un Retiro de 10 semanas que fue experiencia de Dios "acampando" entre ellos, de Jesús como compañero de Camino.

El Retiro los llamó a reconocer la presencia Dios en cada persona, en cada lugar, y a construir sus vidas sobre Jesús, roca firme de su vocación, tal como lo hicieron los primeros Hermanos Maristas que llegaron a América. Los jóvenes Hermanos renovaron su escucha a la invitación a construir su proyecto de vida sobre Jesús, María y Champagnat. Recordando las palabras del Superior General, H. Peter Carroll, se reconocieron hombres que, desde la libertad, se entregan por amor a la misión y a la construcción del Reino. También celebraron el Día de los Muertos, que prepararon con cariño los Hermanos mexicanos haciendo memoria agradecida de los Hermanos y familiares que descansan en los brazos de “Papito” Dios.

El H. Horacio Bustos, Coordinador de la Región América Sur y Provincial de Cruz del Sur, les dedicó estas palabras:

“Queridos Hermanos: Al llegar al final de este Itinerario de preparación a los Votos Perpetuos, quisiera compartir con ustedes cuatro consideraciones que intentan recoger algo de lo vivido durante estas semanas y, sobre todo, que puedan convertirse en una invitación para el camino que continúa: Gracias por la disponibilidad para vivir esta experiencia. Gracias por haber aceptado la invitación, por el tiempo dedicado, por la apertura para compartir la propia vida, las búsquedas, las preguntas, las convicciones y también las incertidumbres… Un agradecimiento especial a los cuatro hermanos que animaron y acompañaron este itinerario: Raúl Schonfeld (Cruz del Sur), Javier Salcedo (México Central), Joaci Pinheiro de Sousa (Brasil Centro Norte)  y Alison Furlan (Brasil Centro Sul). Gracias por su entrega, compromiso, cercanía y generosa disponibilidad. Seguramente, cada uno de ustedes se lleva algo de los otros. Porque la formación no es solamente recibir contenidos o participar de encuentros; es, fundamentalmente, dejarse encontrar, interpelar y transformar. Ojalá lo compartido en la Villa San José haya sido una experiencia de fraternidad, de escucha del Espíritu y de renovación interior, que permanezca viva mucho tiempo en el ánimo de cada uno.”

No den por concluido el proceso formativo. Este itinerario termina, pero la formación no termina nunca. La profesión perpetua no representa la culminación de un camino en el que ya hemos alcanzado todas las metas, sino la decisión de abrazar para siempre un proyecto de vida que necesita ser cuidado, alimentado y renovado…”

“La consagración religiosa no se sostiene solamente por la fuerza de una decisión tomada en un momento de la vida; necesita una relación viva con el Señor, tiempos de silencio, oración, discernimiento, acompañamiento, lectura, estudio y revisión personal. Necesita también hermanos con quienes compartir la vida y comunidades que nos ayuden a crecer. No dejen de preguntarse cómo están viviendo su vocación, qué aspectos necesitan cuidar, qué resistencias deben superar y qué nuevas llamadas les hace hoy el Señor. No tengan miedo de reconocer sus fragilidades ni de pedir ayuda. La fidelidad se construye también desde la humildad de quien sabe que necesita seguir aprendiendo. Sean hombres en formación permanente, con el corazón disponible para la novedad de Dios.”

Cuiden su consagración y coloquen siempre al Señor en el centro de sus vidas. Con el paso de los años, las responsabilidades, las urgencias de la misión, las preocupaciones comunitarias y las múltiples actividades pueden ocupar tanto espacio que corremos el riesgo de dejar en segundo plano aquello que da sentido a todo lo demás.”

“No permitan que eso suceda. Antes que educadores, animadores, responsables de obras o encargados de determinadas tareas, somos hombres llamados por Dios, consagrados a Él y enviados a anunciar su amor. La experiencia de Dios que dio origen a nuestra vocación necesita ser ahondada y recreada continuamente. Vuelvan a elegir al Señor. No solamente cuando todo resulta sencillo, cuando experimentan entusiasmo o cuando las cosas salen como esperan, sino también en los momentos de cansancio, de oscuridad, de incertidumbre o de aparente esterilidad. La vida consagrada es una historia de amor y de fidelidad, pero, antes que nada, es la historia de un Dios que nos amó primero, que nos llamó y que permanece fiel. ¡Grande es su amor y su  fidelidad!”

Caminen tras las huellas de Marcelino, con la mirada puesta en Jesús y el corazón abierto a los niños y jóvenes. Nuestra vocación marista no es una propiedad que debemos conservar, sino un don que estamos llamados a entregar…

“Necesitamos Hermanos que no se instalen, que no se conformen con repetir lo que siempre hicieron, sino que sepan mirar más allá y descubrir los nuevos llamados de Dios en este tiempo. Hermanos con raíces profundas en el Evangelio y con el corazón dispuesto a caminar junto a las nuevas generaciones.

Queridos Hermanos: Dentro de poco cada uno continuará su camino, regresará a su país y comunidad y retomará sus responsabilidades. Lleven consigo algo de esta experiencia compartida en Luján. Sobre todo, llévense la renovada certeza de que el Señor sigue caminando con ustedes. No están solos. Los acompaña la fraternidad de los Hermanos, la vida de sus comunidades, la Provincia y, de manera muy especial, la Buena Madre, que supo confiar y ponerse enteramente en las manos de Dios.

Que Marcelino Champagnat los ayude a mantener vivo el fuego de la vocación. Que María les enseñe a escuchar, confiar y decir cada día un nuevo «sí». Y que Jesús siga siendo el centro, la razón y la alegría de sus vidas.”

Por su parte, los Hermanos expresaron su propósito de seguir caminando con Jesús como roca y horizonte, renovando el compromiso de ser Hermanos y de darlo a conocer allí donde la misión los invite a servir, y una profunda gratitud hacia todas sus Provincias por el regalo de esta experiencia tan rica y llena de Dios, que así sintetizaron:

No volveremos siendo los mismos.

En el silencio fuimos descubriendo que consagrar la vida no es buscar una historia perfecta, sino elegir, cada día, dónde queremos estar y al lado de quién queremos vivir. Champagnat nos sigue recordando que ningún niño debe quedar olvidado, que ningún joven debería crecer sin alguien que crea en su vida.

María, nuestra Buena Madre, nos enseña a estar cerca, a caminar con los pies en la tierra y el corazón abierto a los demás.

Ahora volvemos a nuestras tierras. No llevamos todas las respuestas, ni hemos dejado atrás nuestras fragilidades. Llevamos rostros, nombres, preguntas y la certeza de que nadie se consagra solo. Porque somos hermanos. Y queremos que nuestra vida, con todo lo que somos y tenemos, ayude a construir un mundo donde haya más lugar para todos.

La comunidad marista es una profunda alianza de vida y de amor que te une con tus hermanos, más allá de las preferencias y límites humanos. Se trata de ver al hermano como parte de ti mismo y de que te descubras en el corazón del otro (RV 44).”

A la evaluación del camino recorrido siguió un encuentro celebrativo y fraterno con quienes acompañaron su estadía en Luján y un deseo fuerte latiendo en el corazón: Aprender a vivir cada día como hombres que han elegido al Señor y se dejan elegir nuevamente por Él.

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