22 educadoras y educadores de Argentina y Uruguay vivieron, entre el 6 y 8 de agosto en la Villa Marista San José de Luján, una experiencia de Retiro que los invitó a pensar la Escuela como lugar privilegiado para latir con la fuerza de las semillas del Reino.

El Área de Vocación, a través del Equipo de Animación de la Espiritualidad,  convocó a un Retiro en el que 22 educadoras y educadores fueron invitados a reflexionar sobre  la construcción de la comunión en sus Centros Educativos, animados por la presencia del H. Provincial, Horacio Bustos, y el acompañamiento de Marita Hermo y Viviana Mele (Vocación) y Rosana Chaín (Educación).

Por el camino del arte, la experiencia adquirió una dimensión de expresión profunda que, iniciando en la propia vida interior, fue desplegándose hasta llegar a pensar la Escuela como  lugar privilegiado para intuir el Reino de Dios.

La reflexión sobre el espacio escolar estuvo precedida por un recorrido de “lugares” a visitar. El primero de ellos, el propio cuerpo, la “casa” que habitamos,  propuso a las y los educadores hacer conscientes los ritmos habituales de su vida cotidiana para dar lugar a un tiempo más lento, más tranquilo, que permitiera expandir los sentidos.

La memoria de la “casa de la infancia” sensibilizó luego los corazones y preparó el terreno para entender la Escuela como un lugar donde el corazón está invitado a latir con la fuerza de la semilla del Reino. 

Se dejaron motivar también por la contemplación de Marcelino y de los primeros Hermanos construyendo el Hermitage,  esa “casa” que ellos transformaron en hogar habitado desde el amor y el compromiso con los más vulnerables.

Y finalmente, con la mirada puesta en el Maestro, Jesús, y su mensaje potente del Reino de Dios, reino de justicia, coherencia, amor y fraternidad, celebraron el poder habitar los espacios escolares desde lo simbólico y desde lo material.

“Hubo música, juegos, poemas, lecturas pausadas de la Biblia, escenificaciones de la vida de Marcelino, contemplación de la naturaleza, tai chi, caminatas al tibio sol de invierno, la mesa compartida, y la emoción del abrazo sincero y el  gusto de encontrarnos y reconocernos como educadoras y educadores Maristas dispuestos a los encuentros profundos y significativos” ―explica Marita Hermo, integrante del Equipo.

Así, en las sucesivas instancias del Retiro, pudieron abrirse al desafío de resignificar la vocación de educar, desde una mirada comprometida y sincera de la realidad, con las infancias y juventudes que habitan sus escuelas, con sus dificultades y diversidades.

“Construyendo Comunión” las y los impulsó a construir juntos  respuestas a la complejidad del tiempo presente sintiéndose llamados a ser permanentes aprendices del Reino  como seres humanos que sueñan un mundo más humano, más fraterno, más justo y solidario.

 

 

 

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