
Más de 70 Hermanos Maristas procedentes de Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Perú se reunieron en la Villa Marista de Chosica, en Lima, entre el 30 de abril y el 3 de mayo, para el Encuentro de Animadores de Comunidades de la Región de América Sur.
La apertura estuvo marcada por un clima de acogida, espiritualidad y fraternidad. La oración inicial, inspirada en el Evangelio del día, invitó a los participantes a traer simbólicamente los nombres de los Hermanos de sus comunidades y superiores, reforzando el sentido de comunión que sustenta la vida Marista.
A continuación, los Hermanos Provinciales ofrecieron palabras de bienvenida y reflexión. El Hno. Pablo González, de la Provincia Santa María de los Andes, presentó el puente andino Q’eswachaka como símbolo de la fraternidad: una realidad que se reconstruye continuamente a través del esfuerzo comunitario, la confianza y un proyecto común. En un mundo fragmentado, invitó a los participantes a «construir puentes», recordando que la fraternidad es, al mismo tiempo, don y tarea.
El Hno. José de Assis, de Brasil Centro-Norte, destacó que la misión del animador va más allá de la gestión de estructuras: se trata de cuidar la vida comunitaria. Subrayó la importancia de un liderazgo entendido como servicio de amor —cercano, atento y comprometido para que nadie camine solo.
El Hno. Horacio Bustos, de Cruz del Sur, abordó el proceso de reconfiguración regional desde una perspectiva espiritual y misionera, inspirándose en la audacia de Marcelino Champagnat y en la sinodalidad promovida por el Papa Francisco. Para él, se trata de una experiencia pascual: un paso que exige conversión, discernimiento y esperanza.
Por su parte, el Hno. Vanderlei Siqueira, de Brasil Centro-Sur, relacionó el encuentro con las orientaciones del XXIII Capítulo General Marista, reforzando la llamada a caminar como un único cuerpo global. Destacó que la renovación de la vida marista nace de la interioridad y de la fraternidad, recordando que el mayor desafío del liderazgo es espiritual: «el liderazgo no tropieza con la estrategia, sino con la interioridad».
El encuentro contó también con la participación del Hno. Carlos Alberto Rojas, Consejero General, quien transmitió un mensaje de ánimo en nombre del Instituto. Destacó el carácter histórico del encuentro y su potencial transformador, animando a los participantes a vivir este tiempo con apertura, audacia y esperanza. También destacó la importancia del servicio silencioso de los Animadores en la construcción de la vida fraterna.
A lo largo de los días, los Hermanos vivieron momentos profundos de recuerdo, reflexión y compartida. Recordaron a personas significativas en sus trayectorias, reconociendo esos aprendizajes que moldearon su experiencia comunitaria. Estos momentos fortalecieron el vínculo entre la experiencia personal y la misión compartida.
El taller dirigido por el Hno. Carlos Alberto Rojas, basado en la metodología de la investigación apreciativa, invitó a los participantes a reconocer los signos de vida ya presentes en las comunidades, como la escucha, el acompañamiento cercano y la espiritualidad compartida. A partir de estas experiencias, se les animó a proyectar acciones concretas que fortalezcan la fraternidad, centrándose en la transparencia, la corresponsabilidad y el cuidado de las relaciones.
En la misma línea, se profundizó en la comprensión del liderazgo como un servicio de acompañamiento inspirado en el Evangelio: un liderazgo cercano, compasivo y capaz de generar esperanza, especialmente en contextos marcados por los desafíos y el cansancio.
El Hno. Peré Ferré, Director del Secretariado “Hermanos Hoy”, aportó una reflexión práctica sobre el cuidado de la vida comunitaria en el día a día. Destacó que la fraternidad se construye con gestos sencillos —acoger, escuchar, dialogar— e invitó a «exagerar en la fraternidad», valorizando las diferencias como riqueza. También reforzó la importancia de cuidar las relaciones y el bienestar emocional en las comunidades.
Utilizando la imagen de la comunidad como un «hospital de campaña», propuso un liderazgo que nace de la vulnerabilidad y la cercanía, animando a los animadores a reconocer sus límites y a construir comunión a partir de la escucha, la paciencia y el apoyo mutuo.
Además de los momentos formativos, el encuentro favoreció la convivencia y el fortalecimiento de los lazos fraternos, con actividades de integración y momentos de compartir en grupo. La celebración eucarística marcó el cierre de uno de los días, poniendo en manos de Dios el camino recorrido.
El encuentro concluyó en un clima de alegría y fraternidad, con una velada de convivencia, reafirmando el compromiso de seguir construyendo comunidades vivas, fraternas y al servicio de la misión.
Compartir noticia
También te puede interesar...
Últimas noticias
Categorías











