
En línea con las Llamadas del Capítulo General y el Plan Estratégico 2024-2029 surgido de la experiencia sinodal de la Provincia para la Vida y Misión Marista, alentamos y promovemos la práctica de la Conversación en el Espíritu en nuestras comunidades como uno de los signos más potentes de sinodalidad.
La Conversación en el Espíritu, que nos permite encontrar en conjunto qué es lo que Dios quiere para nuestra comunidad, fue recuperada por el Papa Francisco y tiene en la Escucha una actitud esencial.
La adoptamos en una nueva propuesta de Itinerario Provincial que la instala y despliega con el propósito de ir dando respuesta comprometida y profunda a cada una de las Llamadas del Capítulo General a lo largo del año. Integrantes de todas las áreas, equipos y comunidades fueron convocados para hacer juntos y juntas un proceso de crecimiento transformador y aprendizaje.
Debemos creer que el Espíritu Santo nos habla en el otro. Acogerlo sin prejuicios en su radical singularidad, dejarnos influir por él y aprender de él. Esto es exigente porque requiere humildad, apertura, paciencia e implicación pero necesitamos crecer en este don. La escucha activa y más atenta, la circularidad de la palabra, la valoración del vínculo y la participación en la toma de decisiones deben arraigar en nuestra vida institucional.
La Escucha es precisamente el Primer Paso, o Primera Ronda, de la Conversación. Precedida y seguida por un momento de silencio, interioridad y oración, todos tienen en ella el mismo tiempo para hablar y escucharse unos a otros en lugar de limitarse a pensar en lo que cada uno quiere decir. Durante esta Ronda no hay discusiones ni interacciones, excepto para pedir alguna aclaración.
En la Segunda Ronda de la Conversación se comparte lo que ha surgido en el interior de cada uno. Nadie está obligado a hablar, y se puede compartir espontáneamente sin ningún orden en particular. No se trata de discutir o refutar lo que otro dice ni de sacar a relucir lo que no se mencionó en la Primera Ronda. Es más bien una oportunidad para responder qué me conmovió especialmente, si siento que algo importante no fue dicho, si tuve alguna percepción-revelación en particular y en qué sintonicé con los demás. Esta Segunda Ronda permite al grupo darse cuenta de lo que los une y en ella comienzan a manifestarse los signos de la acción del Espíritu en una experiencia de discernimiento compartido.
La Tercera y última Ronda permite al grupo identificar los puntos en común y hacia dónde parece guiarlos el Espíritu Santo. Se construye un acuerdo compartido y se definen acciones concretas.
Al comienzo del Mes que nos convoca a celebrar la Vida Champagnat como familia global, encontramos en Marcelino un ejemplo de escucha, diálogo y discernimiento del Espíritu muy cercano a este método que evita la polarización porque elimina el ego y las posturas rígidas priorizando escuchar al otro con el corazón.
Según sus biógrafos Marcelino, frente a decisiones difíciles, elegía escuchar y contemplar la situación para que esa escucha madurara en su interior y dejar al Espíritu actuar favoreciendo el discernimiento adecuado a la situación.
Su actitud nos inspira y anima a incorporar la práctica de la Conversación en nuestras comunidades como una buena costumbre y hacerla parte de nuestra identidad.
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