
El 28 de mayo, un Encuentro Taller organizado por el Instituto Superior Marista (ISMA) celebró el Día Nacional de los Jardines de Infantes y de las Maestras Jardineras invitando a pensar y dialogar sobre la construcción de una cultura del cuidado que acompañe a las infancias y promueva y proteja sus derechos.
Analía Ruggeri, Coordinadora del Equipo de Derechos e Incidencia en Políticas Públicas de la Provincia Cruz del Sur, animó el Encuentro que convocó a estudiantes, docentes, exalumnos y a toda la docencia marista en torno a la temática: “Escuelas que sostienen. Cultura del cuidado en contextos cambiantes: ¿Cómo cuidar y acompañar a las infancias y adolescencias hoy?”
La propuesta invitó a reflexionar diversas situaciones en las que la prevención y la intervención —en un marco de protección integral de los derechos de las infancias y adolescencias— adquieren fundamental importancia. Sintetizamos aquí algunos de sus segmentos más relevantes.
La pedagogía de la ternura en clave de cultura del buen trato
El escenario actual interpela las bases de todos los sistemas educativos de la región. La baja en la natalidad, una amenaza latente en la sostenibilidad del Nivel Inicial, y el modo en que afectará en corto plazo a los demás niveles educativos obligatorios, nos mueve a poner valor agregado a nuestros Proyectos Educativos Evangelizadores con identidad Marista para adecuarlos a las demandas actuales.
Frente a un mundo marcado por la inmediatez, la sobreexposición digital, la fragmentación social y la incertidumbre económica, las trayectorias vitales de las y los estudiantes se vuelven cada vez más complejas. Y la escuela no puede permanecer indiferente ni limitarse a la mera transmisión de saberes abstractos.
“Celebrar hoy el día de los Jardines de Infantes en honor a la pedagoga riojana Rosario Vera Peñaloza —expresó Analía Ruggeri—, quien dedicó su vida a la educación inicial en Argentina y fundó el primer jardín de infantes del país, es una oportunidad para volver a las fuentes de la Educación Inicial y al carisma del amparo.
Alojar las subjetividades contemporáneas exige construir una auténtica cultura del cuidado. que sostenga y acompañe sin asfixiar, tendiendo puentes sólidos en tiempos de arenas movedizas. Nos encontramos ante el desafío ético de trazar nuevas rutas. Debemos pasar de la lógica de la emergencia a una política institucional del lazo y la hospitalidad.”
En este contexto cobra fuerza la pedagogía de la ternura, base para edificar una cultura del buen trato que convierte al aula en un entorno cuidante y seguro, un territorio libre de estigmas y fiel al principio de la presencia atenta y la palabra justa.
Criar y educar entre pantallas: Subjetividad y humanismo tecnológico
También nos toca hacer frente al mayor desafío epocal: hoy nos toca criar y educar entre pantallas. El mundo digital ya no es un accesorio o una herramienta: es un océano inmenso y el entorno donde las infancias y adolescencias construyen su identidad… Frente a esta desconexión de lo tangible, el pedagogo Carlos Skliar nos invita a dar tiempo y dar espacio, suspender el vértigo del mundo para que algo de la experiencia humana tenga lugar sin caer en la prohibición estéril ni en la tecnofobia. La pregunta clave no es “tecnología sí o no”, sino con qué ética y para qué la usamos. El desafío es usarla al servicio de la persona, enriqueciendo el aprendizaje sin reemplazar la relación humana, que es insustituible.
Diseñar nuevos mapas de Esperanza
Habitar una escuela que sostiene no significa construir fortalezas aisladas del mundo sino diseñar Nuevos Mapas de Esperanza, tal como nos inspira la Carta Apostólica de León XIV. El cuidado en contextos cambiantes no busca suprimir los riesgos del entorno, sino fortalecer el tejido vincular para que los estudiantes puedan salir a explorarlo con seguridad. El avance de la técnica nos desafía a consolidar un humanismo tecnológico donde la máquina sirva al desarrollo del espíritu y no a su adormecimiento.
Por todo ello, retomando el legado del Nivel Inicial, la escuela debe seguir siendo ese espacio público donde el destino social no esté sellado de antemano. Al ofrecer una cultura del cuidado basada en la pedagogía de la ternura, la ciudadanía digital humanizadora y la protección de sus propios educadores, aseguramos el derecho humano fundamental de las infancias a ser alojadas por el mundo adulto. El cuidado, en definitiva, es el acto de resistencia y transformación más potente que la escuela puede ofrecer hoy.
Ante un horizonte que se reinventa minuto a minuto, la pregunta final nos interpele de manera directa: ¿Quiénes serán los cartógrafos valientes que se animen a dibujar los nuevos mapas que el mundo necesita?
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